Glendalis Lugo
Poeta veterano en el portal
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Si no eres mío no eres de nadie
Cuando uno ama verdaderamente le desea toda la felicidad a esa persona que ya no está en nuestra vida... ja eso no fue lo que sentí al ver la tarjeta de invitación para su boda en mis manos. ¿Cómo le desearía la felicidad, si su traición se mantenía como una daga en mi corazón y que aún destilaba dolor y rabia? En mis manos estaba la prueba irrefutable de que nunca me amó y solamente fui una aventura más en su vida egoísta e inmadura.
De repente, corrían en mi mente miles de imágenes terribles que socavaban mi ser, pensaba en destruirle su carro que tanto cuidaba con esmero, o ir a su casa a formarle un gran escándalo, para que fuera el centro de la burla y el chisme en la alta sociedad que siempre ostentaba. Incluso mandarle a dar una paliza, pero muy dentro de mi yo sabía que eso no sería suficiente para hacerle pagar por su traición y poca vergüenza de enviarme la invitación para su boda, yo sólo veía la crueldad de tal acción y llenó mi alma de rabia e impotencia.
Tenia que hacer algo que lo marcara de por vida, sólo había una forma, en mi mente surgió una idea estupenda y la llevaría a cabo. Fui a una floristería cercana y compré un gran ramo de rosas rojas y averigüé la dirección de ella; irónicamente facilitada por una de sus mejores amigas que también era mi amiga y le encantaba el chisme, todo por ser la primera que lo contaría, "maldita chismosa" pensé. Escribí una tarjeta de felicitación que iba con el ramo de rosas, llegué a su apartamento y toqué el timbre.
Ella abrió la puerta y al encontrarse con tal bello ramo reía emocionada, no me veía pues las flores escondían mi rostro. Inocentemente me invito a pasar a su estancia para buscarme una propina; un odio con frenesí y sed de venganza erizó mi piel, no le di tiempo, la seguí y cuando me dio la espalda para buscar en su cartera la agarré por el cuello y con un cuchillo muy filoso la degollé.
Ante sus ojos atónitos de ver quien la había matado, se desangraba ante mí; un placer morboso recorría mi cuerpo de pensar en la cara del maldito traidor cuando se enterara de la noticia. Esperé que estuviera totalmente muerta y la desnudé, en su cuerpo le escribí con el cuchillo “si no eres mío no eres de nadie”. Hoy día, pago por ese crimen funesto detrás de barrotes, pero con la satisfacción de saber que él llevará ese dolor en su corazón toda la vida; esa es la justa venganza.
* Esto es solo un relato de los tantos que he escrito puede ser real o ficticio pero cada cual tiene que aprender de sus acciones.Gracias por leerlo.
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