Silencio Nocturno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Francisco Lechuga Mejía Silencio Nocturno
CICATRIZ
Y entonces, si después de tanta sal,
de tanta ausencia que llena el hueso como medula,
de tanto frío como corre por mi credo
resuelta que tan sólo has muerto por el día,
que tan sólo has vivido en los sueños.
Tanto entonces que ni siquiera la noche ha tenido
que traer el infierno a los pies de mi cama
pues ya me quemaba el orgullo del horizonte
siempre presente en los ojos del cielo
haciéndome cómplice de la soberbia distancia.
Entonces qué de tus huellas por mi vida,
qué de tu pie que me sé de maravilla,
qué entonces de aquel tiempo que me llega
por las noches como pesadilla y
por el día en la banca de tu parque
donde muero suspirando buganvilia.
Entonces para qué bendecir la maldición de tu cuerpo,
para qué suspirar cada vez que el espejo
refleja las huellas que con hiel me has escrito
con un nombre que ya no grito.
Para qué esperar la brisa de tu mirada
cuando ahora la sal del mar ha quemado
mis heridas dejando vientos de otros nortes.
Para qué, si el tiempo ya no existe entre tus manos
y el recuerdo es un mal trago que se bebe al despertar.
CICATRIZ
Y entonces, si después de tanta sal,
de tanta ausencia que llena el hueso como medula,
de tanto frío como corre por mi credo
resuelta que tan sólo has muerto por el día,
que tan sólo has vivido en los sueños.
Tanto entonces que ni siquiera la noche ha tenido
que traer el infierno a los pies de mi cama
pues ya me quemaba el orgullo del horizonte
siempre presente en los ojos del cielo
haciéndome cómplice de la soberbia distancia.
Entonces qué de tus huellas por mi vida,
qué de tu pie que me sé de maravilla,
qué entonces de aquel tiempo que me llega
por las noches como pesadilla y
por el día en la banca de tu parque
donde muero suspirando buganvilia.
Entonces para qué bendecir la maldición de tu cuerpo,
para qué suspirar cada vez que el espejo
refleja las huellas que con hiel me has escrito
con un nombre que ya no grito.
Para qué esperar la brisa de tu mirada
cuando ahora la sal del mar ha quemado
mis heridas dejando vientos de otros nortes.
Para qué, si el tiempo ya no existe entre tus manos
y el recuerdo es un mal trago que se bebe al despertar.
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