Agapimu
Poeta recién llegado
Era una tarde extraña, cercana a la primavera
con las calles húmedas y las ventanas cerradas
con ese viento estrepitoso y a ratos amenazante
que inunda fríamente.
No sé con qué obsesión, tal vez sin sentido
salí sin conocer el camino y sin miedo a encontrarme.
Era una tarde fría como mis manos,
que humedecía mi cuerpo y oscurecía mi mente.
No sé con qué pretexto salí a tu encuentro
sin conocer el lugar y sin querer conocerlo
solo quería palear el clima y la llovizna tenue
que humedecía mi calle y aquél camino gris que me llevaba
que entumeciendo mis manos se calaba con calma,
en mi mente insulsa que quiso calcularte.
Te asomaste gélida y extrañada a la ventana que se abría
la que te cobijaba, y en tu ceño expresivo
tu mirada pasmada observaba.
Qué más podía pedir si solo quería encontrarme
era una tarde helada y tu mirada como escarcha
se clavó en la mía, es cierto que el hielo quema
y que mis manos frías se transforman en llamas.
Por más que quiera olvidarlo aún siento el viento fresco
de aquella madrugada, y el sonido de los rieles de tu ventana,
la que abrías con desgano, transformándola en nada
solo quería palear la llovizna de esa nube gris que me abrazaba
pero es cierto que el hielo también quema y a ratos lo olvidaba
tus ojos se desnudaron frente a mi ingenua mirada
que ya no ha vuelto a ser la misma desde aquél día frío de madrugada
aun recuerdo el llanto del cielo mientras me alejaba
y a diario me convennzo que frente a esto, no puedo hacer nada
Hoy solo quiero encontrarte
Oírte... hablarte.
con las calles húmedas y las ventanas cerradas
con ese viento estrepitoso y a ratos amenazante
que inunda fríamente.
No sé con qué obsesión, tal vez sin sentido
salí sin conocer el camino y sin miedo a encontrarme.
Era una tarde fría como mis manos,
que humedecía mi cuerpo y oscurecía mi mente.
No sé con qué pretexto salí a tu encuentro
sin conocer el lugar y sin querer conocerlo
solo quería palear el clima y la llovizna tenue
que humedecía mi calle y aquél camino gris que me llevaba
que entumeciendo mis manos se calaba con calma,
en mi mente insulsa que quiso calcularte.
Te asomaste gélida y extrañada a la ventana que se abría
la que te cobijaba, y en tu ceño expresivo
tu mirada pasmada observaba.
Qué más podía pedir si solo quería encontrarme
era una tarde helada y tu mirada como escarcha
se clavó en la mía, es cierto que el hielo quema
y que mis manos frías se transforman en llamas.
Por más que quiera olvidarlo aún siento el viento fresco
de aquella madrugada, y el sonido de los rieles de tu ventana,
la que abrías con desgano, transformándola en nada
solo quería palear la llovizna de esa nube gris que me abrazaba
pero es cierto que el hielo también quema y a ratos lo olvidaba
tus ojos se desnudaron frente a mi ingenua mirada
que ya no ha vuelto a ser la misma desde aquél día frío de madrugada
aun recuerdo el llanto del cielo mientras me alejaba
y a diario me convennzo que frente a esto, no puedo hacer nada
Hoy solo quiero encontrarte
Oírte... hablarte.
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