Sin necesidad de hablarte besé tu boca,
en la distancia afligida mi emoción alcanzó la luna,
rocé tu cintura con suspiros al aire,
y escapé a tu pecho con la luz de una estrella.
Impulsivo, sin control, me lancé a tus pies,
en la aventura de mis sueños te vuelves mi deseo,
señorita, perdone expresar su anatomía con dulzura,
estoy convencido de su acaramela piel adornada en su figura.
Llevo años sintiendo esta presión en mi corazón
perdone si formo una ilusión, pues usted no sale de mi alma,
y en la cobardía de no gritar mis sentimientos,
aniquilo los versos concurridos de mi boca.
Usted, señorita de brazos holgados, me deja en suspiros
con mil sensaciones clavadas en mi pecho,
paralizado por la tempestad de la cascada pronunciada
en su cabello, la glamorosa curva de sus pestañas,
la vibración fatídica que deja su mirada en mi cuerpo.
Soy un títere en sus brazos, el hecho de mover un dedo
y sacudir sus manos, por un beso de usted yo daría lo que fuera,
por una caricia suya conquisto el mundo,
por un minuto a su lado daría mi vida,
llego al extremo sin pensarlo, llego a donde usted me diga.
Pero se aleja su presencia, miro mi rostro, mi cuerpo, mis manos,
un pequeño ser humano, sin lujos, sin ejércitos, sin poder,
miro mis manos delgadas, miro la verdad, soy tan débil para amarla
y vuelvo a soñar con la delicia de su rostro, la armonía de su cuerpo,
soñando una y otra vez que estoy entre sus brazos.
Ismael Medel (mimish)
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