Amartemisa
Poetisa
Se desvanecía la rosa negra
dejando caer sus escasos pétalos,
agotada de ser pisada
como aquel que nunca cesa en la destrucción.
Un silencio mortífero,
una sombra agonizante,
un pecado no cometido
y así...
Así pasaban las horas
dejando el aceite negro
sus últimas condiciones.
Lloraba la rosa,
lloraba canciones pasadas,
ilusa, por creer que todo cambia.
Lloraba la rosa
y ni siquiera él, viento que ondeaba
sus pétalos cada día,
podía devolverle la vida
porque morían ambos
mirándose a los ojos,
dehechos
poco
a
poco.
Quedaba todo quieto sin estado,
sin alma.
perdiendo la cordura
en ese tiempo dado.
Y se hizo el eterno silencio
grabándose en la nada un nombre
y un apacible susurro.
Dice la leyenda
que pasaron los años
y alguien encontró un pétalo
entre las manos de la quietud
y al soplar para que volara
renació el viento y con él
un jardín de rosas blancas,
que hoy en día
siguen vivas
en algún rincón de la esperanza.
dejando caer sus escasos pétalos,
agotada de ser pisada
como aquel que nunca cesa en la destrucción.
Un silencio mortífero,
una sombra agonizante,
un pecado no cometido
y así...
Así pasaban las horas
dejando el aceite negro
sus últimas condiciones.
Lloraba la rosa,
lloraba canciones pasadas,
ilusa, por creer que todo cambia.
Lloraba la rosa
y ni siquiera él, viento que ondeaba
sus pétalos cada día,
podía devolverle la vida
porque morían ambos
mirándose a los ojos,
dehechos
poco
a
poco.
Quedaba todo quieto sin estado,
sin alma.
perdiendo la cordura
en ese tiempo dado.
Y se hizo el eterno silencio
grabándose en la nada un nombre
y un apacible susurro.
Dice la leyenda
que pasaron los años
y alguien encontró un pétalo
entre las manos de la quietud
y al soplar para que volara
renació el viento y con él
un jardín de rosas blancas,
que hoy en día
siguen vivas
en algún rincón de la esperanza.