GRECHKA LEE MALDONADO
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anoche desperte
entre lagrimas de sangre,
con mi frente desolada,
por la carga del hastío,
dejadez porque no ven,
lo profundo,
lo angustiado,
de un corazón amigo,
quebrado por la ignorancia
Del rencor y el olvido...
Anoche comprendí
que mis penas,
mis silencios,
negociaban el sigilo,
de una fe quebrada,
retomada,
favorecida,
albergando,
un rincón,
En mi alma adolorida...
Fe ignorada
por almas ausentes,
en destierros caminantes,
galopantes del desvarío,
del vacio,
apresados,
en inconscientes retenidos,
por la falta,
por la carencia,
de nidos en sus almas...
Lagrimas de penares
golpeaban mis lagos,
sangrantes de deslealtad,
por el desatino,
cual raza humana,
de seres pensantes,
que yacen,
en la ignorancia,
en el abandono,
De la plusvalía...
Dolores y penas
amargura,
quebrantos,
asfixiaban mi alma,
cuantos lamentos,
me encogían,
me aturdían,
me laceraban,
me traspasaban como una daga,
Golpeando con dureza mi aflicción...
Anoche en la oscuridad
de mis lamentos,
me sostuve en tu mirada,
añoré la dulzura de tu sonrisa,
me recline en la paz,
que de ti emanaba,
despertando Le grite,
a la esperanza,
al amor,
a la amistad...
Y voces retumbantes,
Se hicieron ecos de mis sueños...
entre lagrimas de sangre,
con mi frente desolada,
por la carga del hastío,
dejadez porque no ven,
lo profundo,
lo angustiado,
de un corazón amigo,
quebrado por la ignorancia
Del rencor y el olvido...
Anoche comprendí
que mis penas,
mis silencios,
negociaban el sigilo,
de una fe quebrada,
retomada,
favorecida,
albergando,
un rincón,
En mi alma adolorida...
Fe ignorada
por almas ausentes,
en destierros caminantes,
galopantes del desvarío,
del vacio,
apresados,
en inconscientes retenidos,
por la falta,
por la carencia,
de nidos en sus almas...
Lagrimas de penares
golpeaban mis lagos,
sangrantes de deslealtad,
por el desatino,
cual raza humana,
de seres pensantes,
que yacen,
en la ignorancia,
en el abandono,
De la plusvalía...
Dolores y penas
amargura,
quebrantos,
asfixiaban mi alma,
cuantos lamentos,
me encogían,
me aturdían,
me laceraban,
me traspasaban como una daga,
Golpeando con dureza mi aflicción...
Anoche en la oscuridad
de mis lamentos,
me sostuve en tu mirada,
añoré la dulzura de tu sonrisa,
me recline en la paz,
que de ti emanaba,
despertando Le grite,
a la esperanza,
al amor,
a la amistad...
Y voces retumbantes,
Se hicieron ecos de mis sueños...
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