Childe Harold
Poeta recién llegado
Apartir de ti
Porque nada se destruye,
todo se transforma,
estoy aquí...
Y quiero hablarte de frente.
Quiero hablarte en verso,
que es mi voz.
Hemos sufrido.
Tú a tu forma, yo a la mía.
Hemos llorado.
Tú con tus ojos
de esmeralda ensangrentada.
Yo con mi pecho oculto
de poeta herido.
¿Y dónde estamos ahora?
¿Aquí?
¿En las letras de este poema que tiembla?
¿Congelados?
¿Juntos?
Sabrás, o habrás aprendido,
que el sentir pasa inexorable
por los filtros selectos
de la cruda realidad.
¿Y qué queda después?
¿Queda algo?
Habrás aprendido, o sabrás;
que el amor, como toda fuerza,
se mueve, no se queda estático.
Y este amor que se queja,
que gime atormentado
debajo de la piel,
descansa en la trastienda.
En el fondo oscuro
de una mirada ausente.
Hemos elegido.
Tú porque no te quedaba otra elección.
Yo porque mi mundo me lo había exigido.
Hemos luchado.
Tú por sacarte el nudo de la garganta,
¡por ser tú!
Yo por atar las alas que me habías dado,
¡por no volar!
¿Habrá alcanzado para sepultarnos?
¿Fue suficiente?
¿Habrá que hacer algo más?
¿Ahora?
He aprendido, o siempre supe,
que nada será igual apartir de ti.
Que un sonrisa tuya toma el invalorable
precio de la redención.
Que todo lo que inventamos con el deseo
es verdadero.
Nos está esperando aunque nunca lleguemos.
Es nuestro.
Siempre supe, o he aprendido,
que todo pasa por una razón.
Que hay un beso que nunca has dado
que tiene mis labios como destino.
Que seguimos pagando el precio
de ser valientes, o de creer que lo fuimos.
¿Que lo fuimos?
¿Somos?
¿Seremos?
Porque nada se destruye,
todo se transforma,
estoy aquí...
Y quiero hablarte de frente.
Quiero hablarte en verso,
que es mi voz.
Hemos sufrido.
Tú a tu forma, yo a la mía.
Hemos llorado.
Tú con tus ojos
de esmeralda ensangrentada.
Yo con mi pecho oculto
de poeta herido.
¿Y dónde estamos ahora?
¿Aquí?
¿En las letras de este poema que tiembla?
¿Congelados?
¿Juntos?
Sabrás, o habrás aprendido,
que el sentir pasa inexorable
por los filtros selectos
de la cruda realidad.
¿Y qué queda después?
¿Queda algo?
Habrás aprendido, o sabrás;
que el amor, como toda fuerza,
se mueve, no se queda estático.
Y este amor que se queja,
que gime atormentado
debajo de la piel,
descansa en la trastienda.
En el fondo oscuro
de una mirada ausente.
Hemos elegido.
Tú porque no te quedaba otra elección.
Yo porque mi mundo me lo había exigido.
Hemos luchado.
Tú por sacarte el nudo de la garganta,
¡por ser tú!
Yo por atar las alas que me habías dado,
¡por no volar!
¿Habrá alcanzado para sepultarnos?
¿Fue suficiente?
¿Habrá que hacer algo más?
¿Ahora?
He aprendido, o siempre supe,
que nada será igual apartir de ti.
Que un sonrisa tuya toma el invalorable
precio de la redención.
Que todo lo que inventamos con el deseo
es verdadero.
Nos está esperando aunque nunca lleguemos.
Es nuestro.
Siempre supe, o he aprendido,
que todo pasa por una razón.
Que hay un beso que nunca has dado
que tiene mis labios como destino.
Que seguimos pagando el precio
de ser valientes, o de creer que lo fuimos.
¿Que lo fuimos?
¿Somos?
¿Seremos?