Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Al sur, el mar de tus ojos agitándome el corazón!
Siempre has de estar aquí,
en este espacio de otoños de agua
que no cicatriza distancias
mientras duermo.
Y has de estar aquí,
sigiloso
en esta ciudad como isla,
donde fui alondra a la orilla de tu pecho
con la espalda desnuda
para que tus noches me hicieran vida.
Tal vez ya no suceda el milagro
después de nuestro adiós.
Pero estos ojos casi tuyos
vivirán sólo para amar
el tiempo que aquí se calla y se arrodilla
cuando los pájaros mudos
muerdan la tristeza de tu ausencia.
Siempre has de estar aquí,
en este espacio de otoños de agua
que no cicatriza distancias
mientras duermo.
Y has de estar aquí,
sigiloso
en esta ciudad como isla,
donde fui alondra a la orilla de tu pecho
con la espalda desnuda
para que tus noches me hicieran vida.
Tal vez ya no suceda el milagro
después de nuestro adiós.
Pero estos ojos casi tuyos
vivirán sólo para amar
el tiempo que aquí se calla y se arrodilla
cuando los pájaros mudos
muerdan la tristeza de tu ausencia.