José A. Guerrero
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Moza ella, mozo yo,
y simplemente se dio¡
Fue deseo natural,
inocente, virginal,
sin pronunciar un te quiero,
mucho menos un te amo,
mis manos le recorrieron
su cuerpo algo temprano.
Al brindar sus dulces labios
nunca demostró perjuicio,
y aquellas tiernas caricias
se convirtieron en vicio,
y mis manos exploraron
de su cuerpo las delicias.
¡Moza ella, mozo yo,
y nada se consumó¡
El tierno y dulce escarceo
se quedó en jugueteo,
y de esa linda mozuela
que fungió de damisela,
solo les puedo decir;
¡su lindo nombre es: Graciela!
José A. Guerrero.
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