cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegaste con la fuerza de Hera
a desafiar mi soledad gastada,
llenando cada vacio con risas
y feroces carcajadas.
Rompiste las hebras de la fatiga
las que me unían a la vida,
pues con la melancolía bailaba.
Llegaste con fuerza a mis dominios,
los que tristemente, solo yo controlaba
para hundir la aflicción aquella,
en nada.
Vociferaste cariño, amistad y hermandad,
te atreviste hablar de amor
frente a unos ojos que temblaban
a sabiendas que famélico yo, tu cariño ansiaba.
¡No implorare más tu amistad! No,
pues no quiero falsedad, no quiero nada;
déjame estar a solas
como antes de que tú llegaras.
a desafiar mi soledad gastada,
llenando cada vacio con risas
y feroces carcajadas.
Rompiste las hebras de la fatiga
las que me unían a la vida,
pues con la melancolía bailaba.
Llegaste con fuerza a mis dominios,
los que tristemente, solo yo controlaba
para hundir la aflicción aquella,
en nada.
Vociferaste cariño, amistad y hermandad,
te atreviste hablar de amor
frente a unos ojos que temblaban
a sabiendas que famélico yo, tu cariño ansiaba.
¡No implorare más tu amistad! No,
pues no quiero falsedad, no quiero nada;
déjame estar a solas
como antes de que tú llegaras.