Tantos caminos y senderos, que confundí con tus piernas, sin darme cuenta los anduve a ciegas, con el mayor de los tientos y un vuelo de quimeras.
Para no verte me fingí ciego; para no amarte me convencí de ser asceta.
Después de fracasar en la intentona y caer en la cuenta que sin ti no hay amaneceres, ni ocasos... no hay sorbos de vino ni siquiera el anhelo de un abrazo... Entendí demasiado tarde, cuando ya te habías marchado, cuando ya no tenía caso seguir tras el oxigeno ni me importaba el continuar andando.
Se me destaparon los ojos al primer atisbo de tu ausencia, cuando creí que era demasiado tarde para rodear tu cintura.
Por mi buena estrella o por una deuda contraída con el universo, regresaste.
Y ahora que lo entiendo, tengo una vida... una vida para amarte.
Para no verte me fingí ciego; para no amarte me convencí de ser asceta.
Después de fracasar en la intentona y caer en la cuenta que sin ti no hay amaneceres, ni ocasos... no hay sorbos de vino ni siquiera el anhelo de un abrazo... Entendí demasiado tarde, cuando ya te habías marchado, cuando ya no tenía caso seguir tras el oxigeno ni me importaba el continuar andando.
Se me destaparon los ojos al primer atisbo de tu ausencia, cuando creí que era demasiado tarde para rodear tu cintura.
Por mi buena estrella o por una deuda contraída con el universo, regresaste.
Y ahora que lo entiendo, tengo una vida... una vida para amarte.
Última edición: