Brumas_007
Poeta recién llegado
No se escucha nada, tan solo silencio.
Ni siquiera el batir de las olas en los días de tormenta.
Todo te lo llevaste, mis palabras, mis sonetos,
Incluso desapareció el sonido de las aves.
La soledad me embarga, me deja ciego, sordo.
No veo, no escucho los lamentos de los otros.
Me quedo encerrado, cómo el condenado preso,
que siente pasar las lunas por las rejas de su celda.
La angustia me socava, tu ausencia se lleva mi alma.
Es la paradoja de la guerra, la que mata.
La que hiere sin querer herir, hundiendo su espada en la carne,
disculpando el dolor que produce, dejar al hombre sin sangre.
Otra vez comenzar de nuevo, sin fuerzas para llevarlo.
No quedan ganas de hacerlo ya me voy sintiendo añejo.
Curtido de sinsabores, almacén de trastos viejos.
Otra vez a buscar miradas, que primero sienten miedo.
Me niego a recordarte, no quiero ya rebatir los hechos
Busco en la otra parte, la razón que desgarre el velo
Que cubría tus distancias cuando decía Te quiero
y que dejaba rompientes de agua, entre los helechos.
Verdes eran mis mañanas, de esperanza compartida
Rojas de fuego y quemadas quedan con tu partida.
Azules las noches enjauladas en que recorría tus caderas
Negras de cieno y fango ahora que desesperan.
No se que mas decir, si eras mi diosa, verde enredadera,
que escalaba por mi tronco vencido, con sus manos de madera.
Perfilando con suaves roces, de dulces caricias nuevas
La estela de mi entregada vida, que transformabas a tu manera.
No se escucha nada, tan solo silencio.
Ni siquiera el batir de las alas de primavera
Todo te lo llevaste, mi vida, todo cuanto te daba
y ya no queda nada de aquél, mi verde enredadera.
Fin.
Ni siquiera el batir de las olas en los días de tormenta.
Todo te lo llevaste, mis palabras, mis sonetos,
Incluso desapareció el sonido de las aves.
La soledad me embarga, me deja ciego, sordo.
No veo, no escucho los lamentos de los otros.
Me quedo encerrado, cómo el condenado preso,
que siente pasar las lunas por las rejas de su celda.
La angustia me socava, tu ausencia se lleva mi alma.
Es la paradoja de la guerra, la que mata.
La que hiere sin querer herir, hundiendo su espada en la carne,
disculpando el dolor que produce, dejar al hombre sin sangre.
Otra vez comenzar de nuevo, sin fuerzas para llevarlo.
No quedan ganas de hacerlo ya me voy sintiendo añejo.
Curtido de sinsabores, almacén de trastos viejos.
Otra vez a buscar miradas, que primero sienten miedo.
Me niego a recordarte, no quiero ya rebatir los hechos
Busco en la otra parte, la razón que desgarre el velo
Que cubría tus distancias cuando decía Te quiero
y que dejaba rompientes de agua, entre los helechos.
Verdes eran mis mañanas, de esperanza compartida
Rojas de fuego y quemadas quedan con tu partida.
Azules las noches enjauladas en que recorría tus caderas
Negras de cieno y fango ahora que desesperan.
No se que mas decir, si eras mi diosa, verde enredadera,
que escalaba por mi tronco vencido, con sus manos de madera.
Perfilando con suaves roces, de dulces caricias nuevas
La estela de mi entregada vida, que transformabas a tu manera.
No se escucha nada, tan solo silencio.
Ni siquiera el batir de las alas de primavera
Todo te lo llevaste, mi vida, todo cuanto te daba
y ya no queda nada de aquél, mi verde enredadera.
Fin.
