pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
Jamás el doctor Contreras se había equivocado. No en algo así. Amigo desde la infancia más tierna, habría puesto todos los medios para repudiar un posible error.
Pero no, no había tal posibilidad. Neurodegeneración. Su diagnóstico era una sentencia de muerte que se resguardaba contra el fondo del aparador, debajo de los muchos calendarios que, apiñados, habían dejado de medir el tiempo.
Y, arrogante, aquel contrato. "Alcor Life Extension Foundation", como una fiera desaliñada entre la maleza, observándonos.
Ella y yo nos miramos sin vida.
Regresé, como el muerto que era, a aquella firma y rúbrica recién sangradas, y al nombre de todo lo que amaba emborronado por una lágrima decadente.
El tiempo ardió deseando huir de un premeditado auto de fe.
Jamás volvimos a hablar de ello.
Pero no, no había tal posibilidad. Neurodegeneración. Su diagnóstico era una sentencia de muerte que se resguardaba contra el fondo del aparador, debajo de los muchos calendarios que, apiñados, habían dejado de medir el tiempo.
Y, arrogante, aquel contrato. "Alcor Life Extension Foundation", como una fiera desaliñada entre la maleza, observándonos.
Ella y yo nos miramos sin vida.
Regresé, como el muerto que era, a aquella firma y rúbrica recién sangradas, y al nombre de todo lo que amaba emborronado por una lágrima decadente.
El tiempo ardió deseando huir de un premeditado auto de fe.
Jamás volvimos a hablar de ello.