Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tú no sabes que yo me compré en amargas cuotas,
otra propiedad sentimental, y comencé a edificar,
preventivo del nuestro, un pequeño refugio, cálido
y ameno en lo posible.
Ámbito receptor de mi futura soledad, porque
nuestro hogar dulce hogar se fue resquebrajando,
-cosa que ya no te importa-.
Sabes muy bien, que nunca, ante lo adverso,
fui de quedarme así, con los brazos cruzados.
Así que cuando te vayas, derrumbaré como haces tú,
mi parte de todo esto tan querido hasta hoy,
al menos por mí.
No, no especulé como tú. Sólo me previne silente
y resignado, contra tu inexorable sentencia de abandono.
Es que mi ajado presente y mi incierto, pero propicio
futuro cabal, tomaron recaudos a bien de albergar
mi maduro desamparo; y de aquí en más, mi errante,
desalentado corazón.
Y además... además, quien se va, no soy yo.
Me cuesta desearte felicidad, pero te la deseo,
en cualquier tácita geografía que puebles con tu amor
dentro de vuestro flamante y probo hogar dulce hogar.
Adiós, -te digo y no me dices,
abofeteado yo, por tu nueva fragancia para otro-.
Mientras un tipo, adulón de ilusas despabiladas como tú,
canta: -Señora de las cuatro décadas, blá, blá, blá...
©Juan Oriental
Última edición: