viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se puede decir que canto
cuando dibujo tu nombre.
Se puede vivir del aire
cuando calibro tu carne.
Acurrucado en la lluvia
que desnuda tu sonrisa,
que me limpia de lunes,
que me sabe a vino
de atardeceres mojados.
Me aposento en tu ritmo
cabalgando la esencia
que me hace más digno,
que brota de tu ciencia
traduciendo mis signos.
Se puede vender la sombra
que ampara el dolor,
por cuatro besos de un día
y una palabra de amor.
Se puede, poder ... se puede,
rendirse hasta desaparecer
en tu piel amante.
Mientras respire de tus ojos
y me sobre presenciarte.
Mientras mi sangre sea olas
que mueren en tu sangre.
Se puede detener el tiempo
atascando el reloj de arena,
con el embrión de un idilio
concebido en la melodía
que nos regale una sirena.
Se puede, poder ... se puede.
Morir de amor
cuando el corazón más late,
sin ser jamás el mismo
ni echarse de menos.
Y sin embargo es tan difícil
en este escenario urbano,
que hay que sumirse en sueños
y ahuyentar con la mano
la mitad de tenernos.
Se puede, poder ... se puede,
cuando los dioses distraídos
dan su descuidado permiso,
y la puerta resta entreabierta
al jardín del paraíso.
cuando dibujo tu nombre.
Se puede vivir del aire
cuando calibro tu carne.
Acurrucado en la lluvia
que desnuda tu sonrisa,
que me limpia de lunes,
que me sabe a vino
de atardeceres mojados.
Me aposento en tu ritmo
cabalgando la esencia
que me hace más digno,
que brota de tu ciencia
traduciendo mis signos.
Se puede vender la sombra
que ampara el dolor,
por cuatro besos de un día
y una palabra de amor.
Se puede, poder ... se puede,
rendirse hasta desaparecer
en tu piel amante.
Mientras respire de tus ojos
y me sobre presenciarte.
Mientras mi sangre sea olas
que mueren en tu sangre.
Se puede detener el tiempo
atascando el reloj de arena,
con el embrión de un idilio
concebido en la melodía
que nos regale una sirena.
Se puede, poder ... se puede.
Morir de amor
cuando el corazón más late,
sin ser jamás el mismo
ni echarse de menos.
Y sin embargo es tan difícil
en este escenario urbano,
que hay que sumirse en sueños
y ahuyentar con la mano
la mitad de tenernos.
Se puede, poder ... se puede,
cuando los dioses distraídos
dan su descuidado permiso,
y la puerta resta entreabierta
al jardín del paraíso.
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