Daniel Martínez Bauzá
Poeta recién llegado
No bastó
tu sedal,
no pudiste salpicar
con las gotas mis pupilas
para verme nadar
en un banco pero en fila
tras las ondas expansivas
sobre el mar,
del choque al tirar.
Se enredó
mi cristal.
No me pude vislumbrar.
La manzana por perilla,
las mejillas de pan.
Las pestañas de masilla,
las orejas son ardillas
que se van
al cuello a escalar.
Ni platón
ni un tal Marx
me pudieron consolar.
Alienado por tu risa,
Otro esclavo a tu andar.
Mis ideas tú las pintas,
tú me cambias y me incitas
a versar,
a filosofar.
tu sedal,
no pudiste salpicar
con las gotas mis pupilas
para verme nadar
en un banco pero en fila
tras las ondas expansivas
sobre el mar,
del choque al tirar.
Se enredó
mi cristal.
No me pude vislumbrar.
La manzana por perilla,
las mejillas de pan.
Las pestañas de masilla,
las orejas son ardillas
que se van
al cuello a escalar.
Ni platón
ni un tal Marx
me pudieron consolar.
Alienado por tu risa,
Otro esclavo a tu andar.
Mis ideas tú las pintas,
tú me cambias y me incitas
a versar,
a filosofar.