Childe Harold
Poeta recién llegado
Otra tarde...
Otra tarde...
Recién ha terminado de llover.
La misma pena...
Las manos ya no se tocan,
los pasos suenan distantes.
No es necesario escuchar
para oir las voces;
ellas están aquí perforando
secretamente las ropas.
Otra tarde...
El sol muere en los ojos.
La nostalgia juega en la copa
de los árboles desnudos.
Las memorias se aferran
al canto de los primeros
pájaros nocturnos.
Otra tarde...
El aire presiona el cuello
con sus dedos gaseosos.
El cuerpo no tiene vida,
tiene deseos de no morir.
La mente no tiene ideas,
tiene la necesidad de pensar.
Otra tarde...
Recién he terminado de llorar.
El mismo poema
que nunca pude escribir...
Otra tarde...
Recién ha terminado de llover.
La misma pena...
Las manos ya no se tocan,
los pasos suenan distantes.
No es necesario escuchar
para oir las voces;
ellas están aquí perforando
secretamente las ropas.
Otra tarde...
El sol muere en los ojos.
La nostalgia juega en la copa
de los árboles desnudos.
Las memorias se aferran
al canto de los primeros
pájaros nocturnos.
Otra tarde...
El aire presiona el cuello
con sus dedos gaseosos.
El cuerpo no tiene vida,
tiene deseos de no morir.
La mente no tiene ideas,
tiene la necesidad de pensar.
Otra tarde...
Recién he terminado de llorar.
El mismo poema
que nunca pude escribir...