Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Tarde o temprano yo tenía que encontrarte. No sé si tú lo sabes, quizá yo sospechaba que entonces tú vendrías. Quién sabe si en el fondo, no lo hice a propósito. Para encontrarte propuse una ciudad interminable, lenta, muy lenta, tan lenta que cuando me interrogara no supiese cual es tu nombre y qué sería, siendo tú, oírmelo decir, pero aquello que me declaraba inmune me delataba.
Éramos dos extraños en una ciudad neutral y lo sabía. La complicidad nos trajo, al fin éramos dos extraños abrazados delante de nuestros ojos, qué podíamos hacer, las ciudades neutrales son como dunas de arena, nadie deja huella y nadie acusa al que pasa sin dejarla. Para vencer la distancia que impuso el azar, convertí las huellas en palabras y escribí delirios, escondiéndolos bajo tu sombra.
Declarando absurdo lo platónico, rechazando lo irreal, solo quedaron las moléculas que cambian lo real por el pulso de los sueños, moléculas de inteligencia perezosa. Dime ¿Qué tanto por ciento de sueños equivale a una realidad? De los resultados de un exceso de sueños, si fuésemos optimistas, diríamos que sabemos lo suficiente de la vida aunque nos queden tantas escenas por ver.
Veo posible que las almas envejezcan a fuerza de soñar, aunque tengan franquicia de inmortales. Almas como la tuya, fatigada de soñar, demasiadas veces puesta a prueba, pero tendrás mucha suerte si permaneces en esta ciudad extraña, cerca de mí y lejos de todo el mundo, entre fronteras intactas, en un paisaje de espejismos. No te afectará la idea de despertar. Sería más lógico decir que no abandonarás el sueño o que la expectación, será el sentimiento que alargará la emoción de abrir los ojos sin percibir nada distinto a la envoltura de lo que el sueño albergaba; una especie de disolución de los sentidos, un frío en los párpados y en la yema de los dedos, la conciencia de que esa sensación que te impide incorporarte, es el aviso más cierto de que lo que pertenece a la realidad se acaba y la frontera de lo que a los sueños pertenece se va a traspasar enseguida.
Así será un día y otro día. Más allá del tiempo y del espacio no podrás despertar, como si el sueño volviera a la vigilia, como si el ánimo de regresar apagase el temor de no haber vuelto.
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