Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Qué hermosa es mi amor!
Todas las bendiciones la adornan.
¡Qué grande es mi amor por ella!
Pues se merece cuanto la ame.
Me ama en el silencio de una eternidad
que nos separa para varias vidas,
tiempo insalvable,
espacio insondable
que entre nosotros se abre.
Y yo la amo
y ella me ama,
con el dolor de un ser partido,
con el gozo de un hermoso compartido.
Pues nada es la distancia,
nada las horas y los días,
nada el infinito que se nos ha dado
para amarnos sin vernos,
sin tocarnos,
sólo deseo, puro deseo,
amor que se hace vida en cada instante.
¡Qué hermosa eres, mi amor!
Como te adornan todas las gracias.
¡Qué grande es mi amor por ti!
Pues eres mi tierra prometida,
mi afán, mi sueño encantado,
el juramento de Amor
que Dios me ha concedido.
Todas las bendiciones la adornan.
¡Qué grande es mi amor por ella!
Pues se merece cuanto la ame.
Me ama en el silencio de una eternidad
que nos separa para varias vidas,
tiempo insalvable,
espacio insondable
que entre nosotros se abre.
Y yo la amo
y ella me ama,
con el dolor de un ser partido,
con el gozo de un hermoso compartido.
Pues nada es la distancia,
nada las horas y los días,
nada el infinito que se nos ha dado
para amarnos sin vernos,
sin tocarnos,
sólo deseo, puro deseo,
amor que se hace vida en cada instante.
¡Qué hermosa eres, mi amor!
Como te adornan todas las gracias.
¡Qué grande es mi amor por ti!
Pues eres mi tierra prometida,
mi afán, mi sueño encantado,
el juramento de Amor
que Dios me ha concedido.
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