David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Tú eres la tinta que mi pluma aspira,
tú eres el ritmo que mi oír percibe,
tu eres la rima en la canción que vive,
tú eres la mano de tocar la lira.
Y en la marea de los versos vira
el galeón tan grande, que un aljibe
ve cuando observa el mar, donde pervive
un amor infinito que suspira.
Contigo se apaciguan estas penas,
contigo no hay la sed en un desierto
pues bien la calmaría con arenas.
Y es que mi corazón no tiene acierto,
pues la sangre que corre por las venas,
por ti al morirse viva, vivo muerto.
tú eres el ritmo que mi oír percibe,
tu eres la rima en la canción que vive,
tú eres la mano de tocar la lira.
Y en la marea de los versos vira
el galeón tan grande, que un aljibe
ve cuando observa el mar, donde pervive
un amor infinito que suspira.
Contigo se apaciguan estas penas,
contigo no hay la sed en un desierto
pues bien la calmaría con arenas.
Y es que mi corazón no tiene acierto,
pues la sangre que corre por las venas,
por ti al morirse viva, vivo muerto.