El calor de verano era irresistible, el cansado obrero no podía conciliar el sueño. La condensa obscuridad podía cortarse con un cuchillo. Aquel cuartito estrecho asemejaba al infierno; copioso sudor, sabanas mojadas
. arremolinadas, maldiciones verbales y uno que otro suspiro de inconformismo. El hombre necesitaba dormir a toda costa. De repente, el ruidoso abanico de pedestal reanudaba su repetitivo recorrido giratorio. La compañía energética había devuelto la electricidad, la noche..... seguía su curso normal.