Acontecía el invierno del año 1998, el mar se sabía amo y señor de todas las fronteras. Sin embargo, cada cierto tiempo insistía en adentrarse en la pequeña ciudad de San Antonio.
Cada tanto, se empecinaba con encontrar otra vez la voz de aquella mujer que una vez cantó en la orilla de su playa. Se desesperaba al saber que ella no había vuelto.
A marejadas irrumpía sobre las costas, portentoso arrasaba contra el puerto. -Ella se encontraba muy lejos-. La inmensa contradicción era que si continuaba dañaba a la gente del pueblo.
Lentamente se retiraba el mar, rugiendo con sus olas, rugiendo ahora, mar adentro.
Cada tanto, se empecinaba con encontrar otra vez la voz de aquella mujer que una vez cantó en la orilla de su playa. Se desesperaba al saber que ella no había vuelto.
A marejadas irrumpía sobre las costas, portentoso arrasaba contra el puerto. -Ella se encontraba muy lejos-. La inmensa contradicción era que si continuaba dañaba a la gente del pueblo.
Lentamente se retiraba el mar, rugiendo con sus olas, rugiendo ahora, mar adentro.