Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ayer, como siempre,sin piedad obró el destino.
Como un reloj perfecto -que nunca lo es-,
descompuso mi corazón, lo sustrajo bruscamente
y bruscamente el corazón se dio por vencido.
Un gesto basta para morir de pie como un árbol,
dos gestos bastan para morir sentado en un Café,
tres gestos bastan para contemplar en un sitio
seglar a un ignorado artista tocando su violín en
una calle
de apresurados pasos sin atreverse a un denario.
Cuatro gestos bastan para echar un vistazo a las
piedras enormes, fabulosas, demolidas, del antiguo
imperio o para maravillarse con el asombroso
pretérito.
Allí, debajo, entre robles de base, se encuentra
impertérrito el restaurante adonde se saborean
unas sardinas fritadas al ajo, con pan y un vino.
Otro gesto basta para sorprender a tu amada
con un escabeche reconocible desde su niñez.
Con el fuerte vino pretendes olvidar de un trago;
con su risa de saltimbanqui intentas amar el olvido.
Y si te quedas un instante en silencio y a solas,
no olvides la hermosa colección de fotos que
ilustran instancias del siglo anterior.
Pero todo ha concluído y luego, con pasos vacíos,
con pasos inciertos e impremeditados, sobre los
siglos sin rumbo,
vamos a las ruinas del pretérito.
El anfiteatro iluminado comparte sus restos contigo.
Allí, miles de artesanos sucumbieron inciertamente.
Allí, quedaron ignoradas huellas del arte inapreciable.
Allí, para nada importa si el presente se detiene pues
llega el momento triste de dejarte ir dulcemente de
ese mar incomprensible
lleno de desdichas,
de ese mar ya desecho de lágrimas negadas que para
que no afloren unidas a tu llanto, me has narrado
pícaras historias que dan vida y expresión.
Para que tu llanto no pugne de nuevo neciamente
no debes olvidar que solamente moja tus pupilas
antes de apagarse la lluvia repentina y corta tan
opuesta al diluvio,
aunque temo que todo pueda ahogarse no permitiré
que porvorientas matas
cubran de una vez tus claros ojos, vanamente ardientes,
vanamente esperanzados.
Pero tampoco olvides que los espíritus libres deben
pertenecer a todos los sitios y a ninguna parte.
Como un reloj perfecto -que nunca lo es-,
descompuso mi corazón, lo sustrajo bruscamente
y bruscamente el corazón se dio por vencido.
Un gesto basta para morir de pie como un árbol,
dos gestos bastan para morir sentado en un Café,
tres gestos bastan para contemplar en un sitio
seglar a un ignorado artista tocando su violín en
una calle
de apresurados pasos sin atreverse a un denario.
Cuatro gestos bastan para echar un vistazo a las
piedras enormes, fabulosas, demolidas, del antiguo
imperio o para maravillarse con el asombroso
pretérito.
Allí, debajo, entre robles de base, se encuentra
impertérrito el restaurante adonde se saborean
unas sardinas fritadas al ajo, con pan y un vino.
Otro gesto basta para sorprender a tu amada
con un escabeche reconocible desde su niñez.
Con el fuerte vino pretendes olvidar de un trago;
con su risa de saltimbanqui intentas amar el olvido.
Y si te quedas un instante en silencio y a solas,
no olvides la hermosa colección de fotos que
ilustran instancias del siglo anterior.
Pero todo ha concluído y luego, con pasos vacíos,
con pasos inciertos e impremeditados, sobre los
siglos sin rumbo,
vamos a las ruinas del pretérito.
El anfiteatro iluminado comparte sus restos contigo.
Allí, miles de artesanos sucumbieron inciertamente.
Allí, quedaron ignoradas huellas del arte inapreciable.
Allí, para nada importa si el presente se detiene pues
llega el momento triste de dejarte ir dulcemente de
ese mar incomprensible
lleno de desdichas,
de ese mar ya desecho de lágrimas negadas que para
que no afloren unidas a tu llanto, me has narrado
pícaras historias que dan vida y expresión.
Para que tu llanto no pugne de nuevo neciamente
no debes olvidar que solamente moja tus pupilas
antes de apagarse la lluvia repentina y corta tan
opuesta al diluvio,
aunque temo que todo pueda ahogarse no permitiré
que porvorientas matas
cubran de una vez tus claros ojos, vanamente ardientes,
vanamente esperanzados.
Pero tampoco olvides que los espíritus libres deben
pertenecer a todos los sitios y a ninguna parte.
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