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Nadie sabe las bienvenidas

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Se resguarda la tarde
en nubes almidonadas,
con tibiezas recatadas
mientras el Sol parece que arde...

Se de ti y tus nostalgias
de esa brasa que tú enciendes,
arrasando las hojarascas
mientras tañen las campanas.


Nadie sabe las bienvenidas
que en nuestra Alma, se guardan
mientras para nosotros quedan
cantando las hadas.

Se de la noche callada
de esas horas tan largas,
donde con arrebato y llagas
leemos nuestras cartas...

Rosario de Cuenca Esteban

 
Bellos versos que nos regala saludos y bendiciones
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Se resguarda la tarde
en nubes almidonadas,
con tibiezas recatadas
mientras el Sol parece que arde...

Se de ti y tus nostalgias
de esa brasa que tú enciendes,
arrasando las hojarascas
mientras tañen las campanas.


Nadie sabe las bienvenidas
que en nuestra Alma, se guardan
mientras para nosotros quedan
cantando las hadas.

Se de la noche callada
de esas horas tan largas,
donde con arrebato y llagas
leemos nuestras cartas...

Rosario de Cuenca Esteban

 
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Se resguarda la tarde
en nubes almidonadas,
con tibiezas recatadas
mientras el Sol parece que arde...

Se de ti y tus nostalgias
de esa brasa que tú enciendes,
arrasando las hojarascas
mientras tañen las campanas.


Nadie sabe las bienvenidas
que en nuestra Alma, se guardan
mientras para nosotros quedan
cantando las hadas.

Se de la noche callada
de esas horas tan largas,
donde con arrebato y llagas
leemos nuestras cartas...

Rosario de Cuenca Esteban



Muchísimas gracias por siempre estar
un abrazo
Rosario
 
Esas andanzas de las cuales el alma y el corazón muchas veces se necesita están hermoso permitirlo; gracias que versar con pasión, os dejo estrellas y reputación por este trabajo, saludos Poeta y besos mil a la distancia!



Se resguarda la tarde
en nubes almidonadas,
con tibiezas recatadas
mientras el Sol parece que arde...

Se de ti y tus nostalgias
de esa brasa que tú enciendes,
arrasando las hojarascas
mientras tañen las campanas.


Nadie sabe las bienvenidas
que en nuestra Alma, se guardan
mientras para nosotros quedan
cantando las hadas.

Se de la noche callada
de esas horas tan largas,
donde con arrebato y llagas
leemos nuestras cartas...

Rosario de Cuenca Esteban

 
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