frank c.
Poeta adicto al portal
Te ame en la desnudes parcial de tus palabras.
En tu velo de misterio y en tu asilvestrada
belleza tan salvaje,
¡te ame como a ninguna!
Dueña eras del suelo que pisabas, y él era feliz
sintiendo tus gráciles pies danzando por su piel.
Dueña eras del sol que te mimaba con sus largos
tentáculos amarillos lamiéndote la piel,
dueña eras de todo tu entorno,
- incluso de mi-
un día el cielo se hizo gris cual paquidermo
y mis pies andariegos agarraron su camino,
unas veces sobre ruedas otras tantas caminando,
como mil cerros y valles como cien ríos y sus causes
me alejaban de tus brazos, de tu cara asilvestrada,
de la risa de las aves, y esos papalotes vivientes
amarrados a el tejado de mi casa solitaria.
Le di la vuelta al mundo y descubrí que todos
los caminos no llevan a roma,
y que cuando el pecho se llena de suspiros
suele el corazón saltar hacia adelante
empujando a el inconsciente de regreso
donde tiene su patria, donde tiene su dueña
la de los ojos negros y sonrisa de niña.
Donde el mundo si es mundo y la vida si es vida,
en una tierra baja donde el océano besa
la arena del desierto, y los saguaros gigantes
pinchan el cielo límpido y azul, derramando
belleza en su desértico y arenisco entorno.
Esa península que me vio nacer y crecer
me llama y hoy vuelvo a ti.
Para siempre jamás.
En tu velo de misterio y en tu asilvestrada
belleza tan salvaje,
¡te ame como a ninguna!
Dueña eras del suelo que pisabas, y él era feliz
sintiendo tus gráciles pies danzando por su piel.
Dueña eras del sol que te mimaba con sus largos
tentáculos amarillos lamiéndote la piel,
dueña eras de todo tu entorno,
- incluso de mi-
un día el cielo se hizo gris cual paquidermo
y mis pies andariegos agarraron su camino,
unas veces sobre ruedas otras tantas caminando,
como mil cerros y valles como cien ríos y sus causes
me alejaban de tus brazos, de tu cara asilvestrada,
de la risa de las aves, y esos papalotes vivientes
amarrados a el tejado de mi casa solitaria.
Le di la vuelta al mundo y descubrí que todos
los caminos no llevan a roma,
y que cuando el pecho se llena de suspiros
suele el corazón saltar hacia adelante
empujando a el inconsciente de regreso
donde tiene su patria, donde tiene su dueña
la de los ojos negros y sonrisa de niña.
Donde el mundo si es mundo y la vida si es vida,
en una tierra baja donde el océano besa
la arena del desierto, y los saguaros gigantes
pinchan el cielo límpido y azul, derramando
belleza en su desértico y arenisco entorno.
Esa península que me vio nacer y crecer
me llama y hoy vuelvo a ti.
Para siempre jamás.
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