Childe Harold
Poeta recién llegado
Caminos trasnochados...
Caminaba en la ciudad vieja de la memoria.
Sobre los adoquines fríos de una plegaria
que respiraba desde tu vientre solitario,
patíbulo certero de miedos imposibles.
Llegaste vestida en negro como la noche,
con seda fina, y perfume a claveles muertos.
Me ofreciste tus manos sin mirarme a los ojos,
como para darme un billete tan sólo de ida.
Caminamos juntos sobre las piedras del tiempo,
con el rocío marino atado a la mirada.
Ajando soledades empapadas de luna,
llorando madreselvas robadas al destino.
La triste madrugada de nieblas caminantes,
abrió sus fauces y nos dormimos despertados
sobre la telaraña de un Morfeo burócrata,
príncipe sutil de los amantes espectrales.
Desperté con la sonrisa viva de recuerdos,
con las lenguas rojas de los soles matinales.
Con los pasos rotos esperando una promesa,
en un juramento de caminos trasnochados.
Caminaba en la ciudad vieja de la memoria.
Sobre los adoquines fríos de una plegaria
que respiraba desde tu vientre solitario,
patíbulo certero de miedos imposibles.
Llegaste vestida en negro como la noche,
con seda fina, y perfume a claveles muertos.
Me ofreciste tus manos sin mirarme a los ojos,
como para darme un billete tan sólo de ida.
Caminamos juntos sobre las piedras del tiempo,
con el rocío marino atado a la mirada.
Ajando soledades empapadas de luna,
llorando madreselvas robadas al destino.
La triste madrugada de nieblas caminantes,
abrió sus fauces y nos dormimos despertados
sobre la telaraña de un Morfeo burócrata,
príncipe sutil de los amantes espectrales.
Desperté con la sonrisa viva de recuerdos,
con las lenguas rojas de los soles matinales.
Con los pasos rotos esperando una promesa,
en un juramento de caminos trasnochados.