Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Agreste aquel confín que en la trémula noche,
licuaba de las sombras fantasmales su esencia
y en báculos de sueños vanos era derroche
de un ángel de la guarda que destila demencia.
Le instigan las estrellas llamándole fantoche.
Se marcha y tras de sí, su condenada herencia.
En su éxodo, hechizó a una ingenua zagala
atando las palabras al bisel de sus ojos.
Le oculta que el amor en verdad se apuntala
y miente cuando dice; los odios son enojos.
Acaso con los años, se evapore la escala
que en gris pintó el anhelo y dejó sin arrojos,
aquella cándida alma que ahora se acorrala
lacrando sus latidos, con miles de cerrojos.
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