Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era demasiado joven
para condenar a las estrellas,
para confundir sus faldas
con los vaporosos
olores que despedían los cuerpos.
Demasiado joven,
soñaban los fatuos enebros
que daban sombra a sus senos;
demasiado joven
los balsámicos destrozos
que bañaban los cristales amanecidos.
Y sin entenderlo las necias cornisas
se disipó el sutil reflejo
y se escurrieron las lágrimas.
Ya no volvieron los helechos
a enraizar su cintura,
caramelo dulce en plexo amargo.
Con arrugas en el vasto músculo
despidió a las alondras de sus manos
un brillante día
de luna llena.
para condenar a las estrellas,
para confundir sus faldas
con los vaporosos
olores que despedían los cuerpos.
Demasiado joven,
soñaban los fatuos enebros
que daban sombra a sus senos;
demasiado joven
los balsámicos destrozos
que bañaban los cristales amanecidos.
Y sin entenderlo las necias cornisas
se disipó el sutil reflejo
y se escurrieron las lágrimas.
Ya no volvieron los helechos
a enraizar su cintura,
caramelo dulce en plexo amargo.
Con arrugas en el vasto músculo
despidió a las alondras de sus manos
un brillante día
de luna llena.
Última edición: