mrtrigueros
Poeta recién llegado
http://mrtrigueros.blogspot.com.es/
NYX. (Miguel Ruiz Trigueros)
Me basta la noche
Aunque su columna vertebral sobre los océanos del mundo,
sea suficiente para recordarme la inevitabilidad del alba.
Me basta la noche que se oculta en las farolas encendidas,
temerosa de los sueños
que se derramarán por sus ojos de búho inagotable,
acechante perpetuo de las esquinas del tiempo.
Me basta, la noche de pies descalzos
Sobre las piedras blancas
en la trayectoria inequívoca de los firmamentos;
la noche que revive y apaga una y otra vez
los rescoldos inverosímiles de los crepúsculos.
Las fieras de la luz acechan con colmillos de piedra,
ansiosas de la sangre movediza,
de los coágulos de sombra que inevitablemente brotarán del día,
de los charcos de linfa que en el firmamento
chupan los gatos sobre la alfombra gris de la grava.
Llueve a mares sobre tu cuerpo desnudo,
sobre la diagonal de los bosques sin memoria.
Llueve verticalmente,
como llueven las espadas, las arañas,
los trozos de cristal, las manos desiertas de la luna.
En que momento sin memoria
te percataste de la mentira orgullosa de las lucernas,
de su luz incierta, de la piedra débil que sostiene incesante la llama,
del trozo de grillo que canta separado de su cabeza
la canción monosílaba de los insectos.
Es verdad:
la arena tiene canciones sin sentido,
musiquillas absurdas que tarareas por las mañanas
cuando el mundo se abre de par en par para tragarte
con sus sonetos de piedra angular y muerta.
La luz aniquila tu rostro con sus telones de barro,
borra tus manos abiertas, tus codos inacabados,
hartos de no cerrase en el vacío sin misericordia de la escarcha.
Llueve a mares sobre las manadas inagotables de los gatos,
sobre los colmillos desiertos,
sobre las lenguas del acero,
sobre tu cuerpo que escarba ávida
la garra gélida del granizo.
Llueve otra vez sobre la cortina improvisada del mundo,
sobre el trozo de tela estelar y muerto
Que te apartaba ingenuamente del día.
NYX. (Miguel Ruiz Trigueros)
Me basta la noche
Aunque su columna vertebral sobre los océanos del mundo,
sea suficiente para recordarme la inevitabilidad del alba.
Me basta la noche que se oculta en las farolas encendidas,
temerosa de los sueños
que se derramarán por sus ojos de búho inagotable,
acechante perpetuo de las esquinas del tiempo.
Me basta, la noche de pies descalzos
Sobre las piedras blancas
en la trayectoria inequívoca de los firmamentos;
la noche que revive y apaga una y otra vez
los rescoldos inverosímiles de los crepúsculos.
Las fieras de la luz acechan con colmillos de piedra,
ansiosas de la sangre movediza,
de los coágulos de sombra que inevitablemente brotarán del día,
de los charcos de linfa que en el firmamento
chupan los gatos sobre la alfombra gris de la grava.
Llueve a mares sobre tu cuerpo desnudo,
sobre la diagonal de los bosques sin memoria.
Llueve verticalmente,
como llueven las espadas, las arañas,
los trozos de cristal, las manos desiertas de la luna.
En que momento sin memoria
te percataste de la mentira orgullosa de las lucernas,
de su luz incierta, de la piedra débil que sostiene incesante la llama,
del trozo de grillo que canta separado de su cabeza
la canción monosílaba de los insectos.
Es verdad:
la arena tiene canciones sin sentido,
musiquillas absurdas que tarareas por las mañanas
cuando el mundo se abre de par en par para tragarte
con sus sonetos de piedra angular y muerta.
La luz aniquila tu rostro con sus telones de barro,
borra tus manos abiertas, tus codos inacabados,
hartos de no cerrase en el vacío sin misericordia de la escarcha.
Llueve a mares sobre las manadas inagotables de los gatos,
sobre los colmillos desiertos,
sobre las lenguas del acero,
sobre tu cuerpo que escarba ávida
la garra gélida del granizo.
Llueve otra vez sobre la cortina improvisada del mundo,
sobre el trozo de tela estelar y muerto
Que te apartaba ingenuamente del día.