Yo no sabía que podía darme besos con las flores, comprobar en una mirada algo más que unos ojos bonitos. He visto el cielo reflejado en tus pupilas y mis pupilas reflejando todo un universo al contemplarte. Que nunca es demasiado tarde para volver a ser un niño, saltar en los charcos, bailar bajo un día de tormenta, pintar corazones con los dedos. Me has enseñado a escribir un nuevo cuento con cada beso que me dabas, a ponerle banda sonora a la historia de nuestra vida. Me hiciste creer en la bella princesa y el valiente caballero, a crear un sabor vainilla al recordarte y cabalgar contigo por bosques repletos de espesura verde clorofila. Que el color amarillo, aunque nunca sea mi preferido, siempre será mi favorito por ser el tuyo. A dibujar mariposas en las noches estrelladas. Contigo me sentí ganar por dentro la última de las batallas de una guerra mundial. Aprendí a contar los minutos y segundos, a no dormir las noches que pasaba entre tus brazos y el desear que nunca, nunca más amaneciera. Me has enseñado a fantasear con el color rosa de mi habitación, a abrazar a las paredes y sentir que el sonido de tu nombre es la poesía recitada más bella del mundo. No sabía cómo se hacía una ensalada de palabras, mensajes, cartas y un añadido de leche corporal y perfume. Y con cada uno de tus defectos te he amado, desde que te conocí.
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