ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
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Sentado
en el triste escaño de carbón,
aguanto el peso ígneo de la fundición monstruosa:
todos los mecanismos vienen a mí como cautines dolorosos
.........y como deidades
que dictasen al profeta, me han dicto su palabra
al estilo que mecánicas ondas estridentes,
resonándola, golpeándola en mi oído,
o como quemando,
añejas soldaduras aún blasfeman,
y lloro el plomo gris y contundente,
sobre esta noche,
rasgada, taladrada por el ruego exasperado del tungsteno aprisionado en los bombillos.
Marcha.
Marcha.
Marcha.
Y resisto,
como un verso anclado al eje carrasposo de un motor eléctrico, muriendo.
Desde las bobinas oxidadas de estos huesos,
emano la presión voltaica
como un grito:
...¡Reactividad!
...¡Reactividad!
...¡Reactividad contenida en mi palabra,
eyectada a través del esmalte fisurado de mi cuerpo-conductor, rugiendo,
y aguanto la presión que ejerce toda la chatarra,
porque todo está pesando,
porque todo está cayendo y se derrumba, o lo que es lo mismo:
transistores, resistencias y diodos asisten al funéreo porvenir,
y la muerte viene andando,
como tuercas, como tuercas que aprisionan, que comprimen
con su actitud de hierro al hombre, dándole en el pecho,
en todo el pecho humano o tanto así como mil mazos,
un ente artificial hecho de hierro blande el cabezal tremendo de cuarzo
y lo expande por sobre el latido,
el sistema circular y oratorio,
por sobre el pálpito animal o como bestia,
regurgita virutillas purulentas en la carne de todos!
La muerte es un grito seco,
metálico,
semejante a una campana vapuleada por enésimos martillos que forjasen otrora
la estructura sistemática, mortal, atosigante y miserable de la industria:
sólo piezas gélidas discurren por la entraña de las máquinas:
Piezas.
Piezas.
Piezas.
Mecanismos.
Mecanismos y piezas.
Se magnifican,
se acumulan,
se acumulan,
se acumulan sobre sí,
se amplifican,
se amplifican,
se amplifican,
las tuercas, las brocas, los tornillos,
se amplifican,
se amplifican,
se amplifican en las tablas, los circuitos,
transitando los minúsculos caminos de la muerte,
donde electrones cautivos se enfurecen y machacan sus destinos en las cúpricas paredes,
tronando el corazón del mundo, cual una sangre, cual una sangre corrosiva de máquina monstruosa,
y fonofóbico me vuelvo en el silencio de profundos y metálicos hocicos garrafales,
dentados
al modo que los versos técnicos,
técnicos,
técnicos y duelen en el propio corazón al cuadrado,
y en el corazón del pueblo al cubo, al estilo repugnante y abrasivo de metales. ¡Callaos!
¡Callaos!
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Callaos.
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Hágase el silencio. Metal.
Polvo de sílice. Hágase el silencio.
Dicto la pausa, callaos ahora:
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Adelante,
adelante,
adelante al giro carismático y no obstante engañoso y miserable de la rueda.
¡Pausa!
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Adelante,
adelante,
adelante a la rosca constrictora, espiralada de los pernos en asedio, espín a espín
sobre estos cuerpos.
¡Pausa!
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Adelante,
adelante,
adelante al sistema, al sistema, al sistema muerto, porque nunca estuvo vivo y sin embargo está más vivo que lo vivo. ¡Marcha! Al sistema, cuyo estómago nos yanta audiovisual, locomotriz, magnética, mecánica, prácticamente, devorándonos en ciclos, como a muertos destinados en furiosos flujogramas asesinos.
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¡Reanudaos ahora,
frías fieras frías! De gran precisión,
de admirable precisión, como el pulso inerte de los pésimos relojes,
así,
así,
así, acumulándose,
amplificándose con cada iteración y sin descanso,
acumulándose y sí, rodando, rodando, rodando y destrozando todo hueso y toda carne,
todo espíritu, con la técnica brutal y aberrante de las trituradoras:
Suman.
Suman.
Suman.
Se amplifican,
se amplifican,
se amplifican,
se amplifican y truenan en el corazón del hombre tres veces al cuadrado y seis veces en el corazón del pueblo al cubo, cual una marcha o una suma de procesos,
cual una marcha ruidosa, destructora, vorágine, en el silencio destrozado 3 veces 33 sobre estos cuerpos,
o como chillido inerte,
sacuden y machacan el tímpano del mundo adolorido.
¡PAUSA!
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Transistor a transistor, me derramo en los abyectos circuitos de la muerte.
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