K-rolissa
Poeta reconocido en el portal
El miedo respira al lado de mis manos,
es preciso sucumbir al encanto de una lágrima.
Los faroles cambian en el oeste de un grito...
...Es su noche habitual.
He escuchado el lamento cuaternario
de los ojos del desierto,
arrulladores como el misterio
de los dedos que sueñan al final de una línea.
ïSe le están cayendo los árboles a la noche!
envenenados por la música
que olvidó cantar esperanza.
El barro no deja de ser barro
y la ceniza es gris
aunque le mienta a la memoria.
Si se remoja en invierno la voz
cuando se llena de aerolitos el silencio,
es porque se cuida de sí misma
caminando sobre el fondo de séptimas intenciones
es mejor callar y dejar mentir al horizonte.
Letras a la deriva
de naufragios subterráneos
hoy ruedan cabezas en la hoguera impertinente de la luna...
...y el azar llega como una plaga.
es preciso sucumbir al encanto de una lágrima.
Los faroles cambian en el oeste de un grito...
...Es su noche habitual.
He escuchado el lamento cuaternario
de los ojos del desierto,
arrulladores como el misterio
de los dedos que sueñan al final de una línea.
ïSe le están cayendo los árboles a la noche!
envenenados por la música
que olvidó cantar esperanza.
El barro no deja de ser barro
y la ceniza es gris
aunque le mienta a la memoria.
Si se remoja en invierno la voz
cuando se llena de aerolitos el silencio,
es porque se cuida de sí misma
caminando sobre el fondo de séptimas intenciones
es mejor callar y dejar mentir al horizonte.
Letras a la deriva
de naufragios subterráneos
hoy ruedan cabezas en la hoguera impertinente de la luna...
...y el azar llega como una plaga.
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