JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
TE FUISTE
...Te fuiste
dejándome apenas
un beso entre los labios.
Te marchaste de mi lado...despacio... sin hacer ruido;
Como se marchan las aves que desprecian al invierno.
Y al partir,
sin tú saberlo,
cerraste una puerta para siempre... a mi, a ti...;
Y al recuerdo de las cosas que tanto amamos:
A nuestra casa... a su vereda...
al huerto diminuto... a nuestro jardín secreto...;
Y al fruto de aquel pequeño almendro
que plantamos juntos al llegar la primavera.
...Tú te fuiste.
Y yo me quedé solo, quieto, pensativo...
mirándote en silencio;
Y escuchando al mismo tiempo
el rumor del río perdiéndose entre los álamos.
A tu lado,
el devenir de las estaciones pintaba a su paso,
a veces de nieve el campo... a veces de niebla el pueblo...;
Y en Marzo, cada año,
un puñado de flores nuevas
vestía de blanco las ramas del almendro.
Te gustaba Mayo. A mí me gustaba verte.
Y ante nuestros labios, a lo lejos,
un mar de trigo verde maduraba su simiente
ajeno al germinar de nuestros besos.
Tú te fuiste... ¡Hace tanto que te fuiste...!
que aquellas cosas que quisimos
dejaron para siempre de ser las mismas...:
Nuestro huerto diminuto
... ya no existe.
El almendro que plantamos juntos
...continuó creciendo.
Nuestra casa, el pueblo, la vereda
... estan ya desiertos.
El mundo siguió girando...;
Y el pan oscuro y seco
que desde entonces está en mi mesa,
es la simiente de aquel trigo verde
que vimos madurar a lo lejos... un mes de Mayo...
cuando tú te fuiste.
Te marchaste de mi lado,
y..., aunque nunca lo supiste,
mi corazón se fue contigo
siguiendo el curso de aquel río
perdido entre los álamos.
--oOo--
...Te fuiste
dejándome apenas
un beso entre los labios.
Te marchaste de mi lado...despacio... sin hacer ruido;
Como se marchan las aves que desprecian al invierno.
Y al partir,
sin tú saberlo,
cerraste una puerta para siempre... a mi, a ti...;
Y al recuerdo de las cosas que tanto amamos:
A nuestra casa... a su vereda...
al huerto diminuto... a nuestro jardín secreto...;
Y al fruto de aquel pequeño almendro
que plantamos juntos al llegar la primavera.
...Tú te fuiste.
Y yo me quedé solo, quieto, pensativo...
mirándote en silencio;
Y escuchando al mismo tiempo
el rumor del río perdiéndose entre los álamos.
A tu lado,
el devenir de las estaciones pintaba a su paso,
a veces de nieve el campo... a veces de niebla el pueblo...;
Y en Marzo, cada año,
un puñado de flores nuevas
vestía de blanco las ramas del almendro.
Te gustaba Mayo. A mí me gustaba verte.
Y ante nuestros labios, a lo lejos,
un mar de trigo verde maduraba su simiente
ajeno al germinar de nuestros besos.
Tú te fuiste... ¡Hace tanto que te fuiste...!
que aquellas cosas que quisimos
dejaron para siempre de ser las mismas...:
Nuestro huerto diminuto
... ya no existe.
El almendro que plantamos juntos
...continuó creciendo.
Nuestra casa, el pueblo, la vereda
... estan ya desiertos.
El mundo siguió girando...;
Y el pan oscuro y seco
que desde entonces está en mi mesa,
es la simiente de aquel trigo verde
que vimos madurar a lo lejos... un mes de Mayo...
cuando tú te fuiste.
Te marchaste de mi lado,
y..., aunque nunca lo supiste,
mi corazón se fue contigo
siguiendo el curso de aquel río
perdido entre los álamos.
--oOo--