207. Angustia de una madre
¿En qué te has convertido, mi pequeño?
Naciste con la piel melocotón,
creciste con radiante corazón,
tu espíritu en tu rostro era risueño.
Amable te entregabas con empeño,
y siempre te imponías ilusión,
y fuerza, y alegrías, y ambición:
Tu vida discurría como un sueño.
De pronto tu carácter fue cambiando
y el gesto de tu cara no era el mismo,
tu amor y tus caricias olvidando.
De cerca contemplabas el abismo,
tus hábitos gentiles ignorando...
¡Efímeros momentos de espejismo!
Pasabas una dura adolescencia
resuelta finalmente con solvencia.
xxx
Churrete
¿En qué te has convertido, mi pequeño?
Naciste con la piel melocotón,
creciste con radiante corazón,
tu espíritu en tu rostro era risueño.
Amable te entregabas con empeño,
y siempre te imponías ilusión,
y fuerza, y alegrías, y ambición:
Tu vida discurría como un sueño.
De pronto tu carácter fue cambiando
y el gesto de tu cara no era el mismo,
tu amor y tus caricias olvidando.
De cerca contemplabas el abismo,
tus hábitos gentiles ignorando...
¡Efímeros momentos de espejismo!
Pasabas una dura adolescencia
resuelta finalmente con solvencia.
xxx
Churrete