Simbolo
Poeta adicto al portal
Yo soy un constante cambio,
un sabio,
por eso no rabio.
Macabro
el sonido que salió de mi labio.
En el calor me siento cantabrio
y en el frío canario,
¿será que en el fondo soy funerario?
Me rió
desde el cementerio,
al que no llegue arrastrado por el río,
miro por encima del hombro
y todavía no me fió,
será que el destino
me nombro
para mirar siempre atrás en el camino,
¡Sembró!
en mi cuerpo masculino
el afán de protección
proveniente del sexo femenino,
vistiendo al pícaro
con armazón:
caro faro
carecente de razón
brillante que te ciega,
lejos de la frágil luz de la luciérnaga
que hasta los ojos despega
y toda la tristeza desapega.
¡Maga!
la alegría sincera,
pues si te pierdes, te espera
incluso tirada en la acera
de una vulgar callejuela
donde todo traje lleva lentejuela.
En tu vida otra vez se cuela
y te descuelga
atrapándote en la arena
que se apega
a una cena
que no sacia.
Te miras al espejo
y ya eres otro más de la mafia,
quedando tu reflejo
pero no tu esencia.
Revolucionaría manifiesta
el querer de otros tonos en la orquesta,
estará dispuesta
tu mente a ser sincera
y sacar afuera
esa mera
sensación destartalada,
mal vista,
maltratada
por esta era
en la que habita.
Desdeñada
dejo a la margarita
preñada
el hada
de este joven bosque
porque en un mundo impersonal
busca alguien que la toque.
Uno más que sucumbe al delirio
que no aguanto su martirio
y sucumbió
a los embistes del flujo.
Una copa más de orujo
produjo
efecto que lo condujo
a la perdida de la perspectiva.
De la ironía
iniciativa
de esta vida
sin
salida.
En fin,
muerte la llaman
los que por corto
no la aman
y dejan todo roto
en un acto
sin respeto
ni afecto.
Que si la puerta esta candada
la viviremos estancada.