pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tiré sin querer el café más que negro encima de la cuartilla. Tal era el temblor de mis manos a esa hora. Por cierto, ¿qué hora teníamos? Se me movían las agujillas como alfileres en las pupilas al mirar el ya pesadísimo Lotus de joyería, "Aaaaahhhh, ¡qué sueño tengo, por Diosssss!".
Ni me molesté en limpiar el café de la mesa. La cuartilla aún se podía leer al trasluz de la vidriosa fluorescencia de la bombilla de bajo consumo.
- ¡Pues sólo falta que me corten la luz ahora, por ejemplo por estar molestando a mi vecino con el resplandor de la lámpara! - Me empecé a reír de tal manera que el pocillo encontró el suelo, además de topar con mis tobillos y el pijama medio remangado a tal altura de tanto buscar el ansiado colchón en la dureza áspera de mi silla de escritorio.
¡Craaaaaaasssss! Se oyó el estrépito al romper en la baldosa. ¡Que se joda el de abajo, que yo también estoy despierto! - Grité con aplomo, "¿Qué se habían creído? Todos mis vecinos dormían apaciblemente y yo allí, jodido, metiendo una prosa del diablo desde una cuartilla ilegible y ahora empapada en café amargo y sucio del día anterior, posos incluidos".
- La prosa de mi vida, oíste, y me la quieres joder, ¡maldito! - Me acerqué la cuartilla a las gafas de culo de botella para amagar la miopía del sueño y leer las últimas palabras de aquel bendito y enigmático escrito. Aquella singladura merecía casi salir al balcón y echar una andanada de cohetes, de fuegos artificiales, despertar a todo el barrio gritando "¡ya está! ¡ya metí la prosa del siglo, mi mejor obra! ¡la más larga de mis historias, mi novela corta que me dará la fama, que llamará a las puertas de las editoriales con una rustida corbata en mi cuello de cisne!".
"Intro". Guardar mensaje. ¡Qué gusto! ¡El trabajo bien hecho! Embutí en mi puño la asquerosa cuartilla y se la regalé con un puntapié de delantero centro mediocre al televisor LCD apagado. "Mañana ya lo limpiará todo María Santísima, que yo en dos minutos me voy a dormir", pensé.
Habían sido dos horas de escritura pero había valido la pena. Esa prosa era sencillamente única. La lástima era que la había parido en un bendito viaje de tren, escrita en las malditas servilletas que servían con el café incluido del viaje. Lo había terminado en casa en un rapto de inspiración suprema, única, celestial casi.
Como las servilletas que eran, ahora se nutrían de mi salobre café negro, ¡ah, sí! salobre significa salado, me había confundido la sal con el azúcar, pero en esos casos basta con no revolver el fondo y tomarlo casi amargo, asqueroso, lo mejor para no dormir en una velada de escritura continua. Pero ¡qué más daba aquello! Todo había terminado.
- ¡Vaya, sí que le cuesta coger la prosita al maldito foro! ¡Claro, cómo es tan larga y tan sublime! - Me reí de mi propia facultad de hacer el necio atribulado.
Lástima no haber copiado todo el texto, imágenes añadidas, música elegida, con un puñetero Control-C, vamos, el comando copiar de toda la vida. ¡Total, después de 2 horas escribiendo, qué más daba una teclita más!
Me levanté para sacudir el pijama embebido en negro café y apartar las migajas de la taza del suelo. Sólo me faltaba provocarme una hemorragia allí mismo, y yo con mi aprensión a la sangre. Hacerme un torniquete con mis propias manos. No, imposible. Antes me moriría allí desangrado entre las servilletas de papel mojado.
- Mañana os barro, ahora os pasáis la noche mirando "pal" techo, que yo tengo sueño.
Miré para la pantalla. Leí. "El foro ------- no responde".
Negué con la cabeza sin preocuparme. "Más te vale responder, más te vale...".
Salí de la habitación hacia la cocina, me di con el costado en el pasamanos de la escalera. "A estas horas las distancias engañan, qué diablos..." - Pensaba, con mi mano sujetando el dolor que apareció rápidamente hacia la zona del riñon izquierdo.
Tiré los harapos de mis trabajos que eran las servilletas y cuartillas al cubo de la basura. Allí se quedaron entre mondas de plátano y bricks de leche caducada. La última cuartilla se quedó allí, medio replegada, con sus últimas palabras pidiendo socorro "...y así termina esta maravillosa historia sin final pero el comienzo digno de un cuento de hadas".
Regresé a la habitación. Nada. El ordenador seguía igual, seguía esperando. Aproveché para bajar la inmundicia del cubo de basura al contenedor de la calle. Así le ofrecía una tregua de tres minutos a aquel maldito foro de prosas y versos. El tiempo justo para bajar desde mi ático a la acera. No tenía tanta prisa ni precisión como para intentar a tales horas y como otras muchas veces el tiro a canasta desde la ventana de la sala usando el balón de mis desechos.
Al subir ya casi no me tenía en pie. Pasé sonambulesco por el pasillo y miré con la baba cayendo por la quijada y los ojos como platos soperos y aturdido, gruñendo para mis adentros y para los angelitos de mi sueño, con voz gangosa, cavernosa... "¿Quéeeeeee, que sigues sin responder....?.
"El foro ------- no responde"...
Por supuesto, no apagué el ordenador. Subí a trompicones por la escalera, dando tumbos contra las paredes; mis zapatillas habían quedado desvestidas abajo en la entrada. Acerté con el tálamo por un error de la naturaleza y allí en el medio del colchón vencido por los "saltos del ángel" de a diario me venció el atroz mago del sueño.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
Las 5:00 A.M. Desvencijado por las pesadillas y atormentado por un rasposo deje en toda la garganta y esófago, desperté. No amanecí, simplemente desperté. Como los recién operados que, aparcados en la UVI, reciben la visita de 2 minutos de los dos parientes más próximos autorizados a verle, con batín verde y máscara y calzas para evitar contagios.
Encendí la luz de la mesilla además de derribar con la gruesa mano el despertador que se encontró a mi paso. Necesitaba un buen vaso de agua. Y seguir durmiendo. Bajé a la planta inferior, allí esperaban las zapatillas desde el día antes.
Cuando pasé a su lado, me susurraron "vas jodido, amigo... y aún no sabes lo mejor jaja". Me sorprendió la luz de la habitación. Recorrí como un gato la distancia hasta el ordenador. Era la débil luz de alimentación del aparato, el stand-by, pero la pantalla estaba en negro absoluto.
Recordé... "¡mi prosa, mi prosa, mi prosa,....!". Le di al On para reactivar la circulación de aquel muerto que era el Toshiba portátil de todos los días. Inseparable enemigo y cotilla de todo lo que hacía.
"Iniciando Windows"...
¿Quéeeeeeeee....
Miré la alimentación. El cable. El grueso enchufe. Desconectado. Mal perdido entre los añicos de la taza de café del día anterior aún insepulta, todo mojado por el seco y escamoso líquido negro de horas atrás.
Las zapatillas allí fuera tenían ahora boca, dientes y me enseñaban hasta la lengua. Y, por encima de todo sabían reír, o habían aprendido rápidamente a hacerlo. La noche les había bastado.
Y se reían a carcajadas.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, amigos, voy a meter otra vez esta prosa... cómica, en cierto modo, aunque a mí no me ha hecho puñetera gracia escribirla. Principalmente, por una razón, llevo toda la noche metiéndola y, no sé cómo, ya es mediodía. Y ¿saben? Siempre me olvido de copiar lo que voy a publicar... un segundo antes de cagarla estrepitosamente.
Allá voy. "Intro". ¡Ay.... ay ay, otra vez me olvidé!
¡Otra vez me olvidé del puñetero Control-C!
Ni me molesté en limpiar el café de la mesa. La cuartilla aún se podía leer al trasluz de la vidriosa fluorescencia de la bombilla de bajo consumo.
- ¡Pues sólo falta que me corten la luz ahora, por ejemplo por estar molestando a mi vecino con el resplandor de la lámpara! - Me empecé a reír de tal manera que el pocillo encontró el suelo, además de topar con mis tobillos y el pijama medio remangado a tal altura de tanto buscar el ansiado colchón en la dureza áspera de mi silla de escritorio.
¡Craaaaaaasssss! Se oyó el estrépito al romper en la baldosa. ¡Que se joda el de abajo, que yo también estoy despierto! - Grité con aplomo, "¿Qué se habían creído? Todos mis vecinos dormían apaciblemente y yo allí, jodido, metiendo una prosa del diablo desde una cuartilla ilegible y ahora empapada en café amargo y sucio del día anterior, posos incluidos".
- La prosa de mi vida, oíste, y me la quieres joder, ¡maldito! - Me acerqué la cuartilla a las gafas de culo de botella para amagar la miopía del sueño y leer las últimas palabras de aquel bendito y enigmático escrito. Aquella singladura merecía casi salir al balcón y echar una andanada de cohetes, de fuegos artificiales, despertar a todo el barrio gritando "¡ya está! ¡ya metí la prosa del siglo, mi mejor obra! ¡la más larga de mis historias, mi novela corta que me dará la fama, que llamará a las puertas de las editoriales con una rustida corbata en mi cuello de cisne!".
"Intro". Guardar mensaje. ¡Qué gusto! ¡El trabajo bien hecho! Embutí en mi puño la asquerosa cuartilla y se la regalé con un puntapié de delantero centro mediocre al televisor LCD apagado. "Mañana ya lo limpiará todo María Santísima, que yo en dos minutos me voy a dormir", pensé.
Habían sido dos horas de escritura pero había valido la pena. Esa prosa era sencillamente única. La lástima era que la había parido en un bendito viaje de tren, escrita en las malditas servilletas que servían con el café incluido del viaje. Lo había terminado en casa en un rapto de inspiración suprema, única, celestial casi.
Como las servilletas que eran, ahora se nutrían de mi salobre café negro, ¡ah, sí! salobre significa salado, me había confundido la sal con el azúcar, pero en esos casos basta con no revolver el fondo y tomarlo casi amargo, asqueroso, lo mejor para no dormir en una velada de escritura continua. Pero ¡qué más daba aquello! Todo había terminado.
- ¡Vaya, sí que le cuesta coger la prosita al maldito foro! ¡Claro, cómo es tan larga y tan sublime! - Me reí de mi propia facultad de hacer el necio atribulado.
Lástima no haber copiado todo el texto, imágenes añadidas, música elegida, con un puñetero Control-C, vamos, el comando copiar de toda la vida. ¡Total, después de 2 horas escribiendo, qué más daba una teclita más!
Me levanté para sacudir el pijama embebido en negro café y apartar las migajas de la taza del suelo. Sólo me faltaba provocarme una hemorragia allí mismo, y yo con mi aprensión a la sangre. Hacerme un torniquete con mis propias manos. No, imposible. Antes me moriría allí desangrado entre las servilletas de papel mojado.
- Mañana os barro, ahora os pasáis la noche mirando "pal" techo, que yo tengo sueño.
Miré para la pantalla. Leí. "El foro ------- no responde".
Negué con la cabeza sin preocuparme. "Más te vale responder, más te vale...".
Salí de la habitación hacia la cocina, me di con el costado en el pasamanos de la escalera. "A estas horas las distancias engañan, qué diablos..." - Pensaba, con mi mano sujetando el dolor que apareció rápidamente hacia la zona del riñon izquierdo.
Tiré los harapos de mis trabajos que eran las servilletas y cuartillas al cubo de la basura. Allí se quedaron entre mondas de plátano y bricks de leche caducada. La última cuartilla se quedó allí, medio replegada, con sus últimas palabras pidiendo socorro "...y así termina esta maravillosa historia sin final pero el comienzo digno de un cuento de hadas".
Regresé a la habitación. Nada. El ordenador seguía igual, seguía esperando. Aproveché para bajar la inmundicia del cubo de basura al contenedor de la calle. Así le ofrecía una tregua de tres minutos a aquel maldito foro de prosas y versos. El tiempo justo para bajar desde mi ático a la acera. No tenía tanta prisa ni precisión como para intentar a tales horas y como otras muchas veces el tiro a canasta desde la ventana de la sala usando el balón de mis desechos.
Al subir ya casi no me tenía en pie. Pasé sonambulesco por el pasillo y miré con la baba cayendo por la quijada y los ojos como platos soperos y aturdido, gruñendo para mis adentros y para los angelitos de mi sueño, con voz gangosa, cavernosa... "¿Quéeeeeee, que sigues sin responder....?.
"El foro ------- no responde"...
Por supuesto, no apagué el ordenador. Subí a trompicones por la escalera, dando tumbos contra las paredes; mis zapatillas habían quedado desvestidas abajo en la entrada. Acerté con el tálamo por un error de la naturaleza y allí en el medio del colchón vencido por los "saltos del ángel" de a diario me venció el atroz mago del sueño.
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Las 5:00 A.M. Desvencijado por las pesadillas y atormentado por un rasposo deje en toda la garganta y esófago, desperté. No amanecí, simplemente desperté. Como los recién operados que, aparcados en la UVI, reciben la visita de 2 minutos de los dos parientes más próximos autorizados a verle, con batín verde y máscara y calzas para evitar contagios.
Encendí la luz de la mesilla además de derribar con la gruesa mano el despertador que se encontró a mi paso. Necesitaba un buen vaso de agua. Y seguir durmiendo. Bajé a la planta inferior, allí esperaban las zapatillas desde el día antes.
Cuando pasé a su lado, me susurraron "vas jodido, amigo... y aún no sabes lo mejor jaja". Me sorprendió la luz de la habitación. Recorrí como un gato la distancia hasta el ordenador. Era la débil luz de alimentación del aparato, el stand-by, pero la pantalla estaba en negro absoluto.
Recordé... "¡mi prosa, mi prosa, mi prosa,....!". Le di al On para reactivar la circulación de aquel muerto que era el Toshiba portátil de todos los días. Inseparable enemigo y cotilla de todo lo que hacía.
"Iniciando Windows"...
¿Quéeeeeeeee....
Miré la alimentación. El cable. El grueso enchufe. Desconectado. Mal perdido entre los añicos de la taza de café del día anterior aún insepulta, todo mojado por el seco y escamoso líquido negro de horas atrás.
Las zapatillas allí fuera tenían ahora boca, dientes y me enseñaban hasta la lengua. Y, por encima de todo sabían reír, o habían aprendido rápidamente a hacerlo. La noche les había bastado.
Y se reían a carcajadas.
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Bueno, amigos, voy a meter otra vez esta prosa... cómica, en cierto modo, aunque a mí no me ha hecho puñetera gracia escribirla. Principalmente, por una razón, llevo toda la noche metiéndola y, no sé cómo, ya es mediodía. Y ¿saben? Siempre me olvido de copiar lo que voy a publicar... un segundo antes de cagarla estrepitosamente.
Allá voy. "Intro". ¡Ay.... ay ay, otra vez me olvidé!
¡Otra vez me olvidé del puñetero Control-C!
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