Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eras la naturaleza ordenada por el tiempo
cual origen sensible en los fulgores
que asociaron los vergeles
a su luz clara de horizonte
y te cruzaban ríos de nieve
como brazos de un cielo derramado
cuando todo cae y la noche
es una pantera ciega que te roza
en cada salto de hierva
acumulando bosques
frutas y pájaros
con ávidos destellos de tus manos.
Luego asintió el clamor
en cada vuelo que ardió en la tarde
guardando el polen en tu garganta inmaculada
y se llenaron tus pechos de olas sedientas
venida como el sol
y levantaste los muelles de las venas
que irrumpieron la soledad
y tu organismo cambió la atmósfera
del porvenir lluvioso que danzaba
su vasta esencia de arrecifes
y aprendieron en ti a descansar
los náufragos que negaron
las manos de un dios clamoroso
en las tibias fronteras del olvido
y se recuperaron y se hacinaron en tus islas
porque vos fuiste solidaria
y nacieron con ellos los caminos
del universo que no tuvimos
en cada noche abierta que rezaba
abriendo el mercurio como un párpado de fruta
sobre el gran árbol del sueño.
En cada aura creciente
que atiborraba la semilla que dormía
en tu vientre de sal adaptando el molde
de los besos pequeños.
Allí tus labios fueron besados
en las fuentes primogénitas de las rocas
y tu lengua reclamó la tarde cálida
que se posaba en la mareas
y fuiste toda de espuma azul
extendida de vida y nombre.
cual origen sensible en los fulgores
que asociaron los vergeles
a su luz clara de horizonte
y te cruzaban ríos de nieve
como brazos de un cielo derramado
cuando todo cae y la noche
es una pantera ciega que te roza
en cada salto de hierva
acumulando bosques
frutas y pájaros
con ávidos destellos de tus manos.
Luego asintió el clamor
en cada vuelo que ardió en la tarde
guardando el polen en tu garganta inmaculada
y se llenaron tus pechos de olas sedientas
venida como el sol
y levantaste los muelles de las venas
que irrumpieron la soledad
y tu organismo cambió la atmósfera
del porvenir lluvioso que danzaba
su vasta esencia de arrecifes
y aprendieron en ti a descansar
los náufragos que negaron
las manos de un dios clamoroso
en las tibias fronteras del olvido
y se recuperaron y se hacinaron en tus islas
porque vos fuiste solidaria
y nacieron con ellos los caminos
del universo que no tuvimos
en cada noche abierta que rezaba
abriendo el mercurio como un párpado de fruta
sobre el gran árbol del sueño.
En cada aura creciente
que atiborraba la semilla que dormía
en tu vientre de sal adaptando el molde
de los besos pequeños.
Allí tus labios fueron besados
en las fuentes primogénitas de las rocas
y tu lengua reclamó la tarde cálida
que se posaba en la mareas
y fuiste toda de espuma azul
extendida de vida y nombre.
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