Perfectos son tus pasos, fiera llama
bailando en el cristal de la verdura
do el fuego de tu cuerpo ya reclama
del sol la majestad y la hermosura.
Después de tu visión, nunca habrá cura
para este corazón que por ti brama
y, triste, se entrega a la abatidura
de ser testigo indigno de tu fama.
¡Oh luz llena de amor, fulgor primero
que viaja desde el alba hasta el ocaso!
Por verte florecer, contento muero
y bebo la belleza de ese vaso
que forma tu figura en desafuero
vertiendo la alegría en que me abraso.
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