Llegó la hora de tu partida
y yo aún despierto con el tacto de tu piel en la mía,
luz de luna son tus ojos
me desvela en las noches de penumbra,
en silencio grito tu nombre,
cuando la realidad de esta dimensión
me embriaga la conciencia,
estando así ausente me permito vivir
sintiendo que hasta el respirar duele,
me voy consumiendo entre risas y llantos
que se mezclan en una danza permanente de tenerte.
Me despierto con las ansias
de volar hacia el horizonte
donde tu mirada no se esconde,
allí fluyen las palabras
y los encuentros se fusionan a unos besos,
donde cada tarde envejece en el regazo del tiempo,
sin resistirse al encanto de tenernos.
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