prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ay, pobre cerezo,...¡creciste tan alto!,
... que nadie llega a recoger tus frutos;
nadie comprende que en tu corteza
no hay olvido para aquella mañana
cuando colgaron en tus ramas heladas
a los conejos que iban a degollar,
para que la sangre se escurriera más rápido
y dejaron que fueran sus ojos
testigos de la amputación de mi infancia.
Tú sabes que no quise
soplar por ese caño de bambú
(introducido entre la piel y sus músculos inertes);
... soplar y soplar
hasta que se hincharon como balones;
pero me dijeron
que mis pulmones guardaban la respiración de un ángel
y que podía regalarles vida.
Nos miraban las hormigas, ¿te acuerdas?,
nos mordían con ensañamiento y no sentíamos nada,
éramos demasiado jóvenes para impedir la masacre,
... tan jóvenes que el vapor de los ladridos de los perros
nos envolvió en una nube devoradora de silencios.
¡Ay, pobre cerezo!.
No me preguntes a qué sabe la muerte,
he vuelto para ver si mi alma
es todavía un pájaro escondido en tu corona.
... que nadie llega a recoger tus frutos;
nadie comprende que en tu corteza
no hay olvido para aquella mañana
cuando colgaron en tus ramas heladas
a los conejos que iban a degollar,
para que la sangre se escurriera más rápido
y dejaron que fueran sus ojos
testigos de la amputación de mi infancia.
Tú sabes que no quise
soplar por ese caño de bambú
(introducido entre la piel y sus músculos inertes);
... soplar y soplar
hasta que se hincharon como balones;
pero me dijeron
que mis pulmones guardaban la respiración de un ángel
y que podía regalarles vida.
Nos miraban las hormigas, ¿te acuerdas?,
nos mordían con ensañamiento y no sentíamos nada,
éramos demasiado jóvenes para impedir la masacre,
... tan jóvenes que el vapor de los ladridos de los perros
nos envolvió en una nube devoradora de silencios.
¡Ay, pobre cerezo!.
No me preguntes a qué sabe la muerte,
he vuelto para ver si mi alma
es todavía un pájaro escondido en tu corona.
Última edición: