Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy le temo a la noche.
Hoy quisiera las aves de tu almohada,
ser la causa en estupor que calla
cuando estallan tus bandadas
y en el albor de su destreza
desasnar los mantos que socavan
en pequeñas lentitudes.
Hoy quisiera la tregua
de la luz de sus rincones
que gritaran las distancias,
la abstracción exacta
que te hace causa
en invisibles movimientos
seduciendo en tu mirada.
Hoy quisiera entrar al sueño
y que viajáramos
y que el rumbo no fuera nuestro
que el cielo se vuelva incierto
entrando por tu cuerpo
habitado de alturas,
suavizado de brisas,
voraces como tu boca,
ardidas como tu vientre
de aves lanzadas
a tu alma que sueña.
Hoy quisiera las rosas
que diseñaron tus pisadas,
el sueño de la arena en cada huella.
Hoy quisiera que habláramos
con el lenguaje de las formas
y poder ser aire
que en vos crepita
y en la luz mirarte, fijamente
decirte con los ojos
lo que no pueden las palabras,
y en cada vez de tu amor,
en cada cuota de vigor
en cada cercanía
del afanoso origen
primordial o victimario
que nos habita
sustancialmente únicos
al pensarnos
entenderías que te he buscado.
Hoy quisiera las aves de tu almohada,
ser la causa en estupor que calla
cuando estallan tus bandadas
y en el albor de su destreza
desasnar los mantos que socavan
en pequeñas lentitudes.
Hoy quisiera la tregua
de la luz de sus rincones
que gritaran las distancias,
la abstracción exacta
que te hace causa
en invisibles movimientos
seduciendo en tu mirada.
Hoy quisiera entrar al sueño
y que viajáramos
y que el rumbo no fuera nuestro
que el cielo se vuelva incierto
entrando por tu cuerpo
habitado de alturas,
suavizado de brisas,
voraces como tu boca,
ardidas como tu vientre
de aves lanzadas
a tu alma que sueña.
Hoy quisiera las rosas
que diseñaron tus pisadas,
el sueño de la arena en cada huella.
Hoy quisiera que habláramos
con el lenguaje de las formas
y poder ser aire
que en vos crepita
y en la luz mirarte, fijamente
decirte con los ojos
lo que no pueden las palabras,
y en cada vez de tu amor,
en cada cuota de vigor
en cada cercanía
del afanoso origen
primordial o victimario
que nos habita
sustancialmente únicos
al pensarnos
entenderías que te he buscado.
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