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entre el aroma del café y yo...

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
Entre el café y yo ha habido una relación cotidiana. No doy un paso hacia mis rumbos, sin saborear un beso de su cuerpo. Como tomar el baño, es un evento matutino. Galano perfumar con sus aromas los confines de mi casa, entrecruzar a estos con las tímidas vetas de la luz matutina, que rebotan siempre de cualquier espejo involuntario para hacer saludo solar a la pupila. Entre el café y yo nacen cientos de cuentos de tarde o vespertinos, reviven en su ambiente vaporoso, ágiles al recuerdo que los cita tantos pasajes consumidos por los pasos, como gavetas tiene el cerebro para estas cosas.

Humeante aroma místico, se deja acariciar por los sentidos mientras propicia el habla de la mente, deteriora las cápsulas que llamamos silencios donde se guardan, comprimidos, emotivos recuerdos. Una gota de néctar matutino para morar la playa que no existe, para volver tras pasos al encuentro del mundo consumido. Para encontrar amores desafíos, degustados en ámbitos secretos donde se viven todos los secretos.

Entre el café y yo, además de recuerdos y nostalgias, median tantas vivencias. Pasos juveniles entre las ramas verdes explorando las laderas donde habita el cafeto, compartiendo la vista de cascadas cristalinas que se pintan en los vestidos verdes que lucen las montañas y que parecen cuadros velasquinos, a los lejos. Pasos entre los dorados tenedederos al sol, del grano que se seca, que se guarda el aroma comprimido dentro de sus entrañas como si fuera un feto maternal que parirá un bebé en alumbramiento tostado.

Entre una taza de café y yo -que soy maíz erguido- surge ese mestizaje necesario del cuenco en que me inspiro para volar sin alas y encontrarme conmigo. Tónico del recuerdo, del inspirado alivio que me acosa para volverme letra antes de hacerme río entre la mar de gente con que a diario convivo.
Y bueno. No quiero parecerte que escribo un sinsentido por hablar del café que me bebo en las mañanas, puesto que hablo de todo, y escribo de todo, hoy he querido conversar brevemente, de mi cercano amigo.
Entre el café y yo, hay un mar de palabras que se cruzan dibujando el ambiente, charlas extrañas, actos partulientos de recuerdos vestidos de letras, y a veces, esas preguntas quisquillosas que auscultan el mañana con sus puertas cubiertas de misterio.

Entre el café y yo, los sabemos, habrá una postrera despedida.
Yerto y transformado en misterio entre cirios que velan mi partida, ahí estará su aroma entre mis velos, la nana vaporosa despedida.
 
Entre el café y yo ha habido una relación cotidiana. No doy un paso hacia mis rumbos, sin saborear un beso de su cuerpo. Como tomar el baño, es un evento matutino. Galano perfumar con sus aromas los confines de mi casa, entrecruzar a estos con las tímidas vetas de la luz matutina, que rebotan siempre de cualquier espejo involuntario para hacer saludo solar a la pupila. Entre el café y yo nacen cientos de cuentos de tarde o vespertinos, reviven en su ambiente vaporoso, ágiles al recuerdo que los cita tantos pasajes consumidos por los pasos, como gavetas tiene el cerebro para estas cosas.

Humeante aroma místico, se deja acariciar por los sentidos mientras propicia el habla de la mente, deteriora las cápsulas que llamamos silencios donde se guardan, comprimidos, emotivos recuerdos. Una gota de néctar matutino para morar la playa que no existe, para volver tras pasos al encuentro del mundo consumido. Para encontrar amores desafíos, degustados en ámbitos secretos donde se viven todos los secretos.

Entre el café y yo, además de recuerdos y nostalgias, median tantas vivencias. Pasos juveniles entre las ramas verdes explorando las laderas donde habita el cafeto, compartiendo la vista de cascadas cristalinas que se pintan en los vestidos verdes que lucen las montañas y que parecen cuadros velasquinos, a los lejos. Pasos entre los dorados tenedederos al sol, del grano que se seca, que se guarda el aroma comprimido dentro de sus entrañas como si fuera un feto maternal que parirá un bebé en alumbramiento tostado.

Entre una taza de café y yo -que soy maíz erguido- surge ese mestizaje necesario del cuenco en que me inspiro para volar sin alas y encontrarme conmigo. Tónico del recuerdo, del inspirado alivio que me acosa para volverme letra antes de hacerme río entre la mar de gente con que a diario convivo.
Y bueno. No quiero parecerte que escribo un sinsentido por hablar del café que me bebo en las mañanas, puesto que hablo de todo, y escribo de todo, hoy he querido conversar brevemente, de mi cercano amigo.
Entre el café y yo, hay un mar de palabras que se cruzan dibujando el ambiente, charlas extrañas, actos partulientos de recuerdos vestidos de letras, y a veces, esas preguntas quisquillosas que auscultan el mañana con sus puertas cubiertas de misterio.

Entre el café y yo, los sabemos, habrá una postrera despedida.
Yerto y transformado en misterio entre cirios que velan mi partida, ahí estará su aroma entre mis velos, la nana vaporosa despedida.


Melquiades
Desnudas los silencios y al tacto de los recuerdos nos traes esta prosa con la compañía de un café; cómplice perfecto para esas horas que rememoran y sostienen el misterio del mañana.
Grato leerte
Estrellas y saludos
Ana
 
Melquiades
Desnudas los silencios y al tacto de los recuerdos nos traes esta prosa con la compañía de un café; cómplice perfecto para esas horas que rememoran y sostienen el misterio del mañana.
Grato leerte
Estrellas y saludos
Ana

Gracias amiga. Abrazos y besos para ti, Feliz navidad y el mejor de los años por si ya no te leo o me lees. Gracias por comentar.
 
Entre el café y yo ha habido una relación cotidiana. No doy un paso hacia mis rumbos, sin saborear un beso de su cuerpo. Como tomar el baño, es un evento matutino. Galano perfumar con sus aromas los confines de mi casa, entrecruzar a estos con las tímidas vetas de la luz matutina, que rebotan siempre de cualquier espejo involuntario para hacer saludo solar a la pupila. Entre el café y yo nacen cientos de cuentos de tarde o vespertinos, reviven en su ambiente vaporoso, ágiles al recuerdo que los cita tantos pasajes consumidos por los pasos, como gavetas tiene el cerebro para estas cosas.

Humeante aroma místico, se deja acariciar por los sentidos mientras propicia el habla de la mente, deteriora las cápsulas que llamamos silencios donde se guardan, comprimidos, emotivos recuerdos. Una gota de néctar matutino para morar la playa que no existe, para volver tras pasos al encuentro del mundo consumido. Para encontrar amores desafíos, degustados en ámbitos secretos donde se viven todos los secretos.

Entre el café y yo, además de recuerdos y nostalgias, median tantas vivencias. Pasos juveniles entre las ramas verdes explorando las laderas donde habita el cafeto, compartiendo la vista de cascadas cristalinas que se pintan en los vestidos verdes que lucen las montañas y que parecen cuadros velasquinos, a los lejos. Pasos entre los dorados tenedederos al sol, del grano que se seca, que se guarda el aroma comprimido dentro de sus entrañas como si fuera un feto maternal que parirá un bebé en alumbramiento tostado.

Entre una taza de café y yo -que soy maíz erguido- surge ese mestizaje necesario del cuenco en que me inspiro para volar sin alas y encontrarme conmigo. Tónico del recuerdo, del inspirado alivio que me acosa para volverme letra antes de hacerme río entre la mar de gente con que a diario convivo.
Y bueno. No quiero parecerte que escribo un sinsentido por hablar del café que me bebo en las mañanas, puesto que hablo de todo, y escribo de todo, hoy he querido conversar brevemente, de mi cercano amigo.
Entre el café y yo, hay un mar de palabras que se cruzan dibujando el ambiente, charlas extrañas, actos partulientos de recuerdos vestidos de letras, y a veces, esas preguntas quisquillosas que auscultan el mañana con sus puertas cubiertas de misterio.

Entre el café y yo, los sabemos, habrá una postrera despedida.
Yerto y transformado en misterio entre cirios que velan mi partida, ahí estará su aroma entre mis velos, la nana vaporosa despedida.

Un texto de gran riqueza poética, evocador, impregnado de imágenes bellas...
Encantada de leerle Sr. Melquiades San Juan
 
Sublime el deleite que provoca la esencia exquisita de esta prosa.
Adoro el café que me despierta y su aroma en las extensas sobremesas. Ha sido un verdadero placer saborear estas letras.

Felicidades!!

Uqbar
 
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