prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
En algún lugar de un agujero negro,
el alma del universo
descansa.
Esa demora lapida la constancia del tiempo,
se quiebran los botijos
y llegan las cabras del infierno a lamer meteoritos.
Las oscuridades se doblegan
como hierbas altas
en un mustio pantano de vacíos.
Por el cauce del azar
corren cielos hirviendo
y una quemadura de estrellas
tatúa y bautiza a unas galaxias sin sal.
La nuez del infinito
cae de un árbol de abismos
y golpea las branquias del sol.
Es ahora
cuando en el ataúd de tus ojos,
mi difunto ego
se convierte en una merluza transparente
como un túnel de olvidos
que penetra las rocas del cerebro,
un tren de lágrimas
por raíles oxidados de besos,
por estigmas sostenidos en andamios de sueños
... Y arrastro los vagones de plomo y las extinguidas aves de mi piel,
mientras las manos de tu ausencia
martillean al pretil de ese puente
que hay entre hoy y mañana, entre nunca y siempre.
el alma del universo
descansa.
Esa demora lapida la constancia del tiempo,
se quiebran los botijos
y llegan las cabras del infierno a lamer meteoritos.
Las oscuridades se doblegan
como hierbas altas
en un mustio pantano de vacíos.
Por el cauce del azar
corren cielos hirviendo
y una quemadura de estrellas
tatúa y bautiza a unas galaxias sin sal.
La nuez del infinito
cae de un árbol de abismos
y golpea las branquias del sol.
Es ahora
cuando en el ataúd de tus ojos,
mi difunto ego
se convierte en una merluza transparente
como un túnel de olvidos
que penetra las rocas del cerebro,
un tren de lágrimas
por raíles oxidados de besos,
por estigmas sostenidos en andamios de sueños
... Y arrastro los vagones de plomo y las extinguidas aves de mi piel,
mientras las manos de tu ausencia
martillean al pretil de ese puente
que hay entre hoy y mañana, entre nunca y siempre.
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