Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El vuelo de Amadeus.
Desde lo profundo de Tikal mi arco toca la viola de tu cuerpo.
Cuando los pájaros duermen en el verde oscuro de tus sueños,
y el cielo inmenso se espesa con su plasma de vino tinto,
yo escucho la música del caracol de tu ombligo
y el roce divino de tus ancas y tus tobillos
cuando arrancan de mis poros el ajonjolí dormido.
En lo fugaz de tus ojos y en tu sonrisa de hada
yo veo Amadeus en su vuelo, torbellino.
Allá en lo ancho de tu negro cielo estrellado
yo me pierdo en los murmullos del orégano de tu oído.
Vuelo de pájaros estrellados, la más clara y vibrante luz,
la de tus ojos infinitos.
Desde lo profundo de Tikal, en lo más oscuro de su infierno,
ocurre el sacrificio decidido, el arco en mis manos,
mientras Amadeus alza su vuelo en la viola de tu cuerpo,
y gotas de mi sangre generan la música estelar
lamiendo el caracol de tu ombligo...
Cuando los pájaros duermen en el verde oscuro de tus sueños,
y el cielo inmenso se espesa con su plasma de vino tinto,
yo escucho la música del caracol de tu ombligo
y el roce divino de tus ancas y tus tobillos
cuando arrancan de mis poros el ajonjolí dormido.
En lo fugaz de tus ojos y en tu sonrisa de hada
yo veo Amadeus en su vuelo, torbellino.
Allá en lo ancho de tu negro cielo estrellado
yo me pierdo en los murmullos del orégano de tu oído.
Vuelo de pájaros estrellados, la más clara y vibrante luz,
la de tus ojos infinitos.
Desde lo profundo de Tikal, en lo más oscuro de su infierno,
ocurre el sacrificio decidido, el arco en mis manos,
mientras Amadeus alza su vuelo en la viola de tu cuerpo,
y gotas de mi sangre generan la música estelar
lamiendo el caracol de tu ombligo...
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