Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La señora de la carne
Llegaba el tren soplando el humo fuerte
y en la niebla apuntaba la deforme
señora de la vida con los pechos;
y soplando la bestia, clara se hizo la imagen;
que no había señora de la carne,
era una cesta en llantos galácticos,
que bajó en la estación de los glúteos
del tren de vida y puente de la muerte.
Y de tanto amante amamantado,
y de tanto asno del saber,
pasaron los trenes descarnando,
y del vagón de aquel amante pude ver,
al mamón que era el infante,
que parió la madre astuta y bella
una primavera deshojada sin querer.
Llegaba el tren soplando el humo fuerte
y en la niebla apuntaba la deforme
señora de la vida con los pechos;
y soplando la bestia, clara se hizo la imagen;
que no había señora de la carne,
era una cesta en llantos galácticos,
que bajó en la estación de los glúteos
del tren de vida y puente de la muerte.
Y de tanto amante amamantado,
y de tanto asno del saber,
pasaron los trenes descarnando,
y del vagón de aquel amante pude ver,
al mamón que era el infante,
que parió la madre astuta y bella
una primavera deshojada sin querer.