Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis pinceles se han hecho esculturas
tiesas y mudas,
me cuesta pintar el albor,
derretí mi piel pero está tan pálida,
ictérica tinta recorriendo mi debilidad.
Mi sombra tan oscura y espesa,
que no se si al pisarla me tragará
el pantano incierto de mis días.
Pero como un guiño dentro del narcótico
respirar se encendió lánguida una vela,
entonces tomé las brasas apagadas
de mis costillas,
soplé lo gris para alguna tormenta distraída,
y mi aliento avivó las últimas gotas de amor.
El rojo surgió de la piel de tus labios
besando el color del deseo amarillo
Y naranja fuego, el calor invisible y ya cansado,
El cielo interrumpido por tus pestañeos,
y las nubes el blanco robado a la luz
por tus pechos,.
Solo faltan esos aces que se niegan a pagar
el peaje de arena derretida en mi ventana.
Pero tengo el verde de todos mis musgos
los marrones de las espinas que se quedaron
clavadas en mis labios al besar el cactus del olvido.
Cuál será el pigmento que te traiga hasta mí,
al abrir los extractos de voces en silencio
y perfumes de lienzos donde se recuesta el atardecer.
Sin que duelan las cerdas de mi pincel,
y se sequen las tinturas de promesas incumplidas…
No puedo pintar en la intemperie con tanta lluvia,
otra vez el llanto de los cirros desparramó
los óleos, mezclando todos los tonos,
recordándome cual es el color del dolor…
otra vez la pintura dejó el paisaje de soledad sin amor.
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