darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
En ocurrencias mecánicas me traslado
en el quebranto de una sonrisa sempiterna.
Consuelos en cariños,
alegrías en desdichas.
Psiquis enamorada en la vesania
de un ombligo de mar,
en un solsticio se desnudan las sirenas,
las gorgonas de un día petrifican
los anhelos de lo arcano.
Un cólico dibuja la tramoya
de una dolencia equidistante
de un eje equinoccial.
En la circunferencia de un apéndice,
el soneto verde de imágenes saturadas
de un olor a lejano,
a ese aroma,
o de ese oro en polvo.
Escopolamina de un periquete sentado
en la vereda de la miseria carroñera.
La voz de una héjira canta en el karaoke
de un apocalipsis retardado.
Oriflama de un disparate,
sombra que se pasea con una linterna
por el sendero de la discapacidad.
He visto poetas atrapados
en ese bombillo dorado,
presos con una elucubración
de versos enmarañados por el numen
de una hormona hiperactiva.
Avisto el rostro femenil
de un cosmético metafórico
y en alegorías de belleza se trazan locuras
y también travesuras.