Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
En una sala cerrada
se juzga al acusado.
El fiscal se levanta
e inicia el alegato...
No me lo puedo creer.
Quieren aquí juzgarme.
No sé si levantarme
que esto; no lo he de merecer.
Es por todos sabido; señores del jurado,
que alguna que otra vez hemos sucumbido,
para qué negarlo; a sus encantos.
Pero no por ello debemos permitir
que se nos siga engañando.
¿Cómo que sucumbir
si yo a nadie le hablo?
Todos se quieren subir
a cualquier conversación que entablo.
El amor no es sincero;
pone en nuestros labios
verdades a medias.
No es generoso;
porque nada tiene de noble
adueñarse del corazón ajeno.
¡Sincero!¡Qué no soy sincero!
Será por mi boca que sale
tanto prometer pendenciero
esperando que cale.
Es infiel por naturaleza
y su eternidad; una quimera.
Sus víctimas se cuentan por miles
desde antes del despertar del tiempo.
Muchos prometen amor
regalando más de un oído.
A otros un calor abrasador
aunque lo sepan corroído.
Tan pronto tocas el cielo
como te arrastra a los infiernos
y en ese ir y venir
de sentimientos encontrados,
Cupido recupera sus flechas
para volverte de nuevo a herir.
¿Al pobre bendito niño
le van a echar la culpa
de encender el cariño
con alguna tonta disculpa?
Es culpable, sin duda,
por hacernos creer
que con él, y por él;
movemos el mundo.
Triste destino el mío
acusado de traición,
como si fuera responsable
de su voluble corazón.
Javier Tomás & Juno