Anaros
Poeta recién llegado
Dime qué pensar ahora que termina
nuestro tiempo, que la vida hastiada
nos ha vencido y nos ha condenado
impávidos al abismo de los muertos.
Estamos vivos a pesar de nuestro
encierro en una vida oscura y fría,
llena de ecos del vaivén de trenes
que se fueron lejos hace ya tiempo.
Quedamos solos en páramos áridos,
yermos de flores, pájaros o insectos,
sin matices blancos, verdes o azules,
sólo negros como nuestros silencios
letales como el peor de los venenos.
Amantes fuimos cuando no mediamos
el tiempo, ni matábamos por decir
nuestros defectos, y la lengua era
para besar, y no para asesinar
los recuerdos que antes eran eternos.
Ahora somos nómadas en el hogar,
la luz ya no irrumpe por la ventana,
el perro que antes me esperaba, ladra,
y el sueño es para dormir en la cama.
Mas te digo, amor mío, levanta,
que el diablo no va a vencer en este
frío invierno que se ha alojado
en el alma, alza bien la mirada,
y volverás verme salir de llamas,
y en mi mano portaré esperanza.
Y al alzar nuestras cabezas bien altas,
para gritar; heme aquí, oscuridad,
mi alma es de luz y tiene nuevas alas,
seré el remero de mi nueva alma,
Y por remos llevaré mi destino
Y mi barca será la esperanza.
http://www.nicolasgarciaanaros.com
nuestro tiempo, que la vida hastiada
nos ha vencido y nos ha condenado
impávidos al abismo de los muertos.
Estamos vivos a pesar de nuestro
encierro en una vida oscura y fría,
llena de ecos del vaivén de trenes
que se fueron lejos hace ya tiempo.
Quedamos solos en páramos áridos,
yermos de flores, pájaros o insectos,
sin matices blancos, verdes o azules,
sólo negros como nuestros silencios
letales como el peor de los venenos.
Amantes fuimos cuando no mediamos
el tiempo, ni matábamos por decir
nuestros defectos, y la lengua era
para besar, y no para asesinar
los recuerdos que antes eran eternos.
Ahora somos nómadas en el hogar,
la luz ya no irrumpe por la ventana,
el perro que antes me esperaba, ladra,
y el sueño es para dormir en la cama.
Mas te digo, amor mío, levanta,
que el diablo no va a vencer en este
frío invierno que se ha alojado
en el alma, alza bien la mirada,
y volverás verme salir de llamas,
y en mi mano portaré esperanza.
Y al alzar nuestras cabezas bien altas,
para gritar; heme aquí, oscuridad,
mi alma es de luz y tiene nuevas alas,
seré el remero de mi nueva alma,
Y por remos llevaré mi destino
Y mi barca será la esperanza.
http://www.nicolasgarciaanaros.com