viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Grácil ardid que cinta el señuelo.
Ligero desaire que mira a los ojos.
Cristalina picaruela insolente
que se desnuda como los árboles
en un otoño fugaz.
Esta noche he dormido
a la orilla de tu blanca piel.
El calor de bestezuela palpitante
casi me regala un verano.
El libre albedrío de tu aliento
exhibía tus sueños,
desnudos también, como tú.
Me ardían las manos,
heridas de quietud forzada.
Petrificadas frente a tu descanso.
La flor custodiada de muslos y calma
era una invitación incesante,
hipnótica marea de deseo,
lento desmadejar del tiempo
hilando la sangre del futuro.
Esta noche, mientras dormías,
me he consumido lentamente,
como una llama impulsiva
privada de tu oxígeno.
Tus nalgas rozaban
la libertad de mi cansancio.
Mis nervios gritaban atenazados,
mi insomnio se nutría
de las esporas de incienso
que nacen en las sábanas.
Pero me gusta cuando duermes,
se te ve tan feliz,
desprovista de funciones,
tan desnuda de mirada
que no puedo despertarte.
Ligero desaire que mira a los ojos.
Cristalina picaruela insolente
que se desnuda como los árboles
en un otoño fugaz.
Esta noche he dormido
a la orilla de tu blanca piel.
El calor de bestezuela palpitante
casi me regala un verano.
El libre albedrío de tu aliento
exhibía tus sueños,
desnudos también, como tú.
Me ardían las manos,
heridas de quietud forzada.
Petrificadas frente a tu descanso.
La flor custodiada de muslos y calma
era una invitación incesante,
hipnótica marea de deseo,
lento desmadejar del tiempo
hilando la sangre del futuro.
Esta noche, mientras dormías,
me he consumido lentamente,
como una llama impulsiva
privada de tu oxígeno.
Tus nalgas rozaban
la libertad de mi cansancio.
Mis nervios gritaban atenazados,
mi insomnio se nutría
de las esporas de incienso
que nacen en las sábanas.
Pero me gusta cuando duermes,
se te ve tan feliz,
desprovista de funciones,
tan desnuda de mirada
que no puedo despertarte.